Las extrañas vías de la recuperación

Cuando comencé en el año 2002 (aproximadamente según algunos archivos que creé en mi disco duro en esa época, no porque recuerde la fecha exacta), mi proceso de recuperación de mis problemas de ira…. como llamarla… desatada? profunda? persistente? explosiva?, creo que todos los adjetivos le caben, no pensé que llegaría a donde estoy hoy ni que tomaría las vías que tomé.

Recuerdo el episodio que me llevó a consulta por primera vez, un incidente de trabajo, que se tornó en una peleea a los gritos, con una compañera de trabajo.   En aquel entonces mi percepción era que mi ira se había vuelto peligrosa y que podía costarme el empleo; entonces tomé el directorio telefónico de la medicina prepagada, busqué psicólogas (si, en femenino) y elegí una por conveniencia de cercanía a mi trabajo, más que por otro criterio.

La psicóloga que elegí era psicoanalista, y fue mi primer acercamiento a un tratamiento médico para un gran número de síntomas que había tenido en mi vida, por nombrar alguno,  desde la adolescencia supe que sufría de depresión, pero siempre me resistí a consultar por ello, total era un problema que sólo me afectaba a mi, y por algún temor infundido en la infancia, me resistía a una consulta clínica que me llevara a la prescripción de medicamentos psiquiátricos, aún conservo esa resistencia.

Con la Doctora Beatriz (es su nombre real, no usaré su apellido) comencé un proceso digamos de desintoxicación, ir semanalmente o dos veces a la semana a consulta, ir tratando temas según se presentaban, ir desarrollando historias de mi pasado, la verdad ya no recuerdo mucho de qué hablábamos en las sesiones, pero si recuerdo que mi mente ponía una oposición tremenda, llegar tarde a las citas era la expresión de aquella oposición, resistirme a lo que fuera que estuviese ocurriendo.

Ahora que hago cuentas, fui con la Dra. unos cuatro años, muy interrumpidos ellos, en algún momento algo me hacía dejar la terapia y volvía tres o cuatro meses después.  Recuerdo uno de esos momentos de estar cerca de dejarla y yo plantearme dos cosas, la primera, la urgencia de una herramienta eficaz de remisión de los síntomas, yo no podía darme el lujo de ir al consultorio por años, si al menor asomo de contrariedad yo estaba bien dispuesta a plantarle un puño en la cara a alguien, cosa que no llegó a pasar, pero de la cual tenía la completa disposición y la segunda, una necesidad de comprender que era lo que ocurría en mi, conocer, tipificar mi comportamiento, para entender lo que ocurría y poder desarmar los mecanismos que activavan mi agresividad.

Recuerdo entonces haber dicho, si tuviese al menos 10 segundos para pensarlo, antes de estallar en ira, yo no haría lo que hago, pero no los tengo.

En aquellos días hice muchas lecturas, una de ellas propiciada por una ruptura temporal en una relación que tenía entonces, ese viernes, cuando la relación se terminó yo hice dos cosas, buscar en internet el libro “Las mujeres que aman demasiado”, yo ya conocía el libro, había leído algunos apartes en unas lejanas vacaciones a mis 14 años, y de pronto el libro llegó a mi mente y con lo que leí llegué a la conclusión inmediata, debo comparalo mañana.  La segunda cosa que hice fue pedir una cita con la Dra. para el lunes, antes que la crisis me llevara (llevaba varios meses fuera de consulta).

Lo que la nueva lectura de este libro, que hice en un sólo fin de semana por cierto, me trajo fue algo increíble, una especie de epifanía.  A pesar que el libro es bastante viejo, tenía dentro conceptos tan claros, tan evidentes, que yo había visto toda mi vida, y que por fin cobraban sentido.  Ese libro me permitió dos cosas, comprender el comportamiento de mi hermana y descubrir que mi mamá, no era culpable de nada, liberándome a mi de la necesidad de culpar a alguien, que al no poder ser mi madre por amor filial, terminaba siendo yo.

Mi mamá sólo pudo enseñarme lo que ella sabía, ella creció en un hogar de alcohólicos y adictos, y aunque ella no se casó con uno, sus patrones de conducta conservaron el esquema.  Por fin yo podía comprender de donde venía todo el caos que yo percibí desde muy niña, y que al parecer yo era la única en percibir, detrás del esquema de la familia-perfecta y las hijas perfectas.

Encontrar que no había a quien culpar me liberó tremendamente y me permitió dar el primer paso para cambiar la clase de amor que daba a mi madre.

Ese libro también me amplió un concepto, que yo ya conocía, la co-dependencia e introdujo uno que yo jamás había escuchado: La fijación sana de límites.

Que cosa tan extraña era a mis oidos aquello de que cada cual tiene un espacio personal, que ese espacio tiene fronteras, y que esas fronteras son sanas en la medida que permiten a la persona mantener su intimidad, su valía, su amor propio.  Que se puede invitar a otros a acercarse, pero es inadecuado permitirles que violen tus límites; además, que es inadecuado que tu violes los límites de los demás!!!!!

Yo crecí sin límites, no porque no tuviese reglas o disciplina, sino porque crecí bajo la violación constante de mi intimidad personal, no de la forma sexual que la gente se lo suele imaginar, sino en lo cotidiano, en la intromisión, en la inspección constante, en la revisión de tus papeles, tus libreta de teléfonos, tu armario, tu ropa, tu vida, tus conversaciones con tus amigos.  Nada podía ocultarse, no se podía tener vida privada.

Jamás creí que esa forma de crianza, había creado en mi a una persona incapaz de reconocer y respetar los límites ajenos, y del mismo modo, totalmente inhábil para fijar límites sanos en mi vida, básicamente permitía a las personas con quienes compatía afecto que invadieran cualquier espacio mío, esto llegó a incluir la invasión de mi cuerpo.

Otra de las cosas que el libro me mostró, es que si deseas tu recuperación emocional, tendrás que invertir tu tiempo y tus recursos, es tu salud al fin y al cabo, yo tenía entonces algunas prevenciones por el valor de las consultas, pero decidí seguir adelante.

Seguí asistiendo a las sesiones con la Doctora y al mismo tiempo leyendo muchas, muchas cosas en internet, una de ellas un escrito muy largo, redactado por el Sr. Clinton S. Clark, en 1993, que se titulaba “I’m not OK when… you are not”.  Les daría el link, pero el Sr. Clark quien se dedica a la música, ya no lo tiene publicado y en su lugar aparece un extraño escrito sobre Jesús, este tema lo retomaré luego.

Yo conservo una copia del escrito del Sr. Clark, en algún momento pensé en traducirlo al Español y publicarlo, pero nunca lo terminé y en la actualidad no tengo nada de lo que traduje, sólo el original en inglés.  Tal vez algún día busque al Sr. Clark en el ciberespacio y le pida permiso de traducirlo, muy posiblemente él me diga que no.

El asunto es que el documento del Sr. Clark, era el reflejo escrito de su camino a la recuperación emocional, de una forma estructurada y lógica él explicaba todos los comportamientos a los cuales fue expuesto durante la infancia, cómo impactaban al niño que él fue y al adulto en el cual se convirtió; y lo que era mejor del documento, enseñaba técnicas para no continuar validando y aceptando esos comportamientos de las personas que amamos, pues resulta que cuando crecemos seguimos teniendo los mismos padres, y usualmente nos buscamos personas muy parecidas a ellos para continuar el “baile” (esa palabra le debe ser familiar a quienes han leido “Las mujeres que aman demasiado”).

Una de las cosas que aprendí en aquellas lecturas, fue a decir, calmadamente y sin agredir “lo que dices me lastima, no lo hagas por favor”, detener la pelea antes que comenzara, fijar mi límite e impedir que el otro lo traspasara.  Una vez comencé a hacerlo, me di cuenta que las peleas no seguían, porque si el otro las iniciaba, yo no las continuaba.

Después de eso, entre tanta lectura, llegué a lo que yo llamo, el diagnóstico equivocado, pero el tratamiento correcto.  Resultó que entre tanta información encontré algo que se llama Trastorno de la Personalidad Límite, el nombre del transtorno es bastante curioso, porque se aplicaba a aquellos pacientes que iban más allá de la neurosis, pero no tanto como para considerarlos psicóticos, entonces estaban en la frontera, y así lo bautizaron (Borderline Personality Disorder).

Cuando empecé a leer la información sobre esto, no me pregunten como llegué allá, no me acuerdo, me sorprendí de la similitud de mi comportamiento con los pacientes de este Trastorno, personas que pasan de la euforía a la depresión en cuestión de horas o menos, eventos de agresividad excesiva sin motivo, impredicibilidad de sus actos, conductas riesgosas, imagen distorsionada de sí mismos y otras conductas que me hacían pensar ¿Será?; pero lo que realmente me sorprendió más de todo esto, fue conocer el estado en que se encuentran los familiares y seres amados de las personas que la  sufren.

Hay un libro -Walking on eggshells-, que ahora me doy cuenta tiene la palabra Stop en el principio del libro, sólo leí unos apartes, pero me quedó el título en la memoria porque es la mejor descripción, de lo que mi familia sentía sobre mi entonces.  Copiaré unos párrafos (La traducción es mía, el libro lo conozco en inglés, realmente en aquella época poco o nada encontré útil en español, aunque eso ha mejorado).

  • “Se encuentra usted ocultando lo que piensa o siente porque tienen miedo de la reacción de la otra persona o porque simplemente no parece valer la pena la horrible pelea o dolor que le seguirían?
  • Piensa usted que todo lo que dice o hace será tergiversado y usado en contra suya? Es usted culpado o criticado por todo lo que esta mal en la relación, aún cuando no tenga sentido lógico?
  • Es usted el foco de intensas, violentas e irracionales iras, alternadas con periodos cuando la otra persona actúa perfectamente normal y amorosa? Nadie le cree cuando trata de explicar lo que sucede?”

Cuando leí eso, lloré, jamás pensé que mis actos podían causar ese tipo de estress a las personas que me amaban, jamás pensé que las sometía a semejante incertidumbre, básicamente para tratarme esperaban a darse cuenta de qué humor había amanecido, porque nunca se podía saber como iba a reaccionar.

Si bien la Doctora dijo que ese no era el diagnóstico correcto, porque había factores como la intensidad y la frecuencia de los síntomas, (tampoco me dijo cual era el diagnóstico correcto eh), yo hallé esa información demasiado útil, y encontré algo sobre los Borderline, que son muy difíciles de tratar entre otras cosas porque abandonan el tratamiento y porque la psicoterapia común produce pocos resultados.  Entonces encontré que la terapia cognitiva comportamental (Cognitive Behavioral Teraphy), presentaba mejores resultados.

Esta terapia, más que buscar el origen del comportamiento, dota al individuo con una herramienta para que lo suprima, y en ese momento eso era lo que yo necesitaba.  Recuerdo haberle dicho a la Doctora en una sesión, que yo necesitaba urgentemente algo que atenuara mis síntomas, yo no podía darme el lujo de seguir por años yendo a terapia, si en un arranque de ira con un taxista me mataban, yo necesitaba resultados rápidos, mientras avanzaba con lo demás.

Ella dijo tomar nota de mi necesidad….. y yo comencé a buscar otro terapeuta.  En principio busqué un terapeute Cognitivo, recuerdo haber mandado un correo a una asociación de psicología preguntando y hasta hace poco todavía me llegaban correos para congresos, no se dieron cuenta que era una paciente =P.

En ese momento una amiga me contó de un terapeuta que trabajaba la Teoría del Guión Mental, William; ella me relató su experiencia y los resultados que había obtenido y yo me dije, eso es!! Tomé mi dinero y mi tiempo y comencé a ir.

Durante la primera parte del curso, llamémosla la teórica, a mi me ocurría que lo que contaban en principio yo ya me lo sabía, hubo muy pocos descubrimientos a nivel de información, pero eso si, yo lloraba por toda la clase, o sea, por lo que no lloraban los otros 20 y algo.  El curso finalizaba con un fin de semana de terapia en una finca.

Desde el pricipio mi prioridad era resolver el asunto de la agresión, que no había disminuido gran cosa que dijéramos.  En ese fin de semana hacíamos un trabajo que llaman “de colchoneta”; todos alrededor y el que está en trabajo en el centro frente a los dos terapeutas.  Cuando yo hice mi parte, terminé dándole con un bate a una almohada, no detallaré los pormenores, pero finalmente dí con el punto donde nació mi agresión, y maravillosamente para mi provecho, obtuve esos 10 segundos que necesitaba.

Regresé de allí y la palabra que describía como me sentía era “Resucitada”.

Después seguí con el segundo curso de guión, dedicado a las relaciones de pareja, y me fue tan bien que el terapeuta me dijo que lo repitiera y no me cobraba, ja, ja, ja.  Para la segunda vez, si presté atención y tuvimos fin de semana de cierre, no fue tan espectacular como el otro (todavía me imagino que sentían los que me rodeaban cuando le daba a la almohada) pero se llegó a un punto importante, de allí quedé con dos tareas, una de las cuales cumplí unos seis meses después.

El siguiente paso, una vez terminé todo este proceso, fue que renació en mi, un asunto que venía pendiente, y es una necesidad de buscar a Dios profunda.  En este punto retomo lo del Sr. Clark, quien bajó su documento de recuperación y lo ha reemplazado con un e-book sobre Jesús, el libro es bastante ecléctico, no podríamos llamarlo religioso, pero interesante que al parecer una vez resueltos los asuntos más viscerales de la conducta, uno quede listo para trascender a la espiritualidad.

En ese camino he dado muuuuchas vueltas, y apenas ahora siento que dije sí a Dios (el 11 de julio para ser exactos) y que estoy lista para comenzar a trabajar para él.  Siento deseos de predicar el evangelio, (soy católica, valga la aclaración) y me invade un deseo tremendo de hacer la voluntad de Dios.

Sigo en el camino, no he terminado, todavía esporádicamente se me escapa una rabia, pero ya la gente que me quiere sabe que se acerca y no muerdo, a veces me descompongo, pero mi mundo no se derrumba, y me dejo invadir por la alegría con mucha más frecuencia.

Estoy contenta de todo lo que ha sucedido, finalmente estoy donde debo estar, y Dios sabrá donde va a ponerme de ahora en adelante.  Tengo plena confianza en ello.

REFERENCIAS:

  • Stop Walking on Eggshells: Taking Your Life Back When Someone You Care About Has Borderline Personality Disorder by Paul T. Mason, Randi Kreger, disponible en amazon.
  • Las mujeres que aman demasiado, por Robin Norwood, disponible en Amazon y casi cualquier librería seria.
  • I’m not Ok when… you are not, by Clinton S. Clark, ojalá estuviera disponible.
  • Trastorno de la personalidad límite http://es.wikipedia.org/wiki/Trastorno_l%C3%ADmite_de_la_personalidad
  • Escuela de Triunfadores http://www.triunfadores.com.co/ Donde hice los cursos de guión mental.
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