Los hinchas

(Esto lo publiqué antes en otro blog, lo traigo aquí porque lo voy a borrar de allá 🙂

He de manifestar, que los fanáticos en general, no gozan de mi simpatía. Los fanáticos deportivos no son la excepción.

Realmente no comprendo, el tipo de pasiones, que se despiertan en un ser humano, para volverse fanático de cualquier tipo, al punto de discutir, el asunto de sus afectos, como cierta suerte de verdad revelada, imposible de cuestionar por cualquier otra persona, que pueda disentir de la veracidad de lo que el fanático cree fervientemente.

Recuerdo con algo de gracia, en mis tiempos universitarios, oir a los fanáticos deportivos discutiendo entre si. Recuerdo la vehemencia de sus opiniones, sus tonos de voz, el ataque despiadado al adversario, usualmente otro fanático, y las réplicas que fácilmente se iban a los ataques personales.

Igualmente observo, pero ya sin gracia, el mismo tipo de contienda, cuando se trata de temas políticos, en un país como el mío, exageradamente polarizado.

Independiente del tema, el fanático ha perdido una habilidad básica en su discurso, la habilidad de oir. El fanático intenta convencer al otro de su verdad, llegar a la conclusión que todos adhieren a su postura, y cuando es incapaz de convencer, entonces procede al ataque, pues quien no oye, es imposible que pueda hacer que otros le sigan; cuando mucho, obtendrá que el otro pierda el interés y le siga la corriente como al loquito, que es mejor dejarle hablar y no contradecirle, pero igual se le ignora.

El fanatismo me es tan poco grato, porque limita el proceso de diálogo, de hecho, el diálogo no existe con el fanático, no puedes hacer un intercambio de ideas, el fanático sólo quiere que recibas las tuyas, la doble vía es imposible.

En cambio me agrada tanto el intercambio de ideas, agudo pero desapasionado, donde el deseo de la construcción de conocimiento es mayor al de obtener una postura ganadora. En esto tuve un dulce entrenamiento en mis años de colegio, cuando hacíamos debates con temas inducidos por los profesores y donde se nos asignaba una postura, que no necesariamente era la nuestra, permitiéndonos el ejercicio dialéctico, sin pasión, por la fuerza del argumento y no la vehemencia del ponente.

Me gusta el diálogo abierto, aunque debo aceptar, que a veces me apasiono, pero con el tiempo he aprendido, que la pasión, es mejor dejarla para momentos diferentes al intercambio de ideas con otros apasionados, podría volverse un ejercicio peligroso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s