Demasiadas lágrimas silenciosas

De pronto hoy siento que me he devuelto montones de años, que he vuelto al principio, que no he avanzado nada, que sigo cometiendo los mismos errores.  Hoy me han hecho ver como lastimo a los que me aman, hacía tiempo que no me lo decían, yo pensaba que ya era prueba superada, veo que no.

Esta semana ha sido tan extraña, tanto trabajo, tantas cosas por hacer, tratar de hacerlo por mí misma, pedir ayuda, sorprenderme de la forma como la gente hace sus cosas.  Enojarme, mostrarlo a veces, o sentirme llena de rabia sin saber por qué ni contra qué o quién, irse la rabia, volver, que sé yo.

Y sentir esta soledad en mi corazón, sentir que tengo que sonreir para que no se note lo mal que me siento, que tengo que seguir adelante sin quejarme, que la gente no tiene por qué darse cuenta de lo que siento.

Y tratar de decirle a otros lo que me pasa y sentir cómo me ignoran, como no les importa lo que siento, si, estoy diciéndole mis cosas a las personas equivocadas, he abierto mi corazón a quien no le importa, y tengo miedo de abrirlo a quienes podría, porque tengo miedo de que me juzguen, por mis errores, por todas las cosas en las que sigo enredada por años y años, por las cosas que hago que dañan a otros.

Y se supone que estoy en un camino de Dios y no siento nada, estudio y entiendo pero no me alcanza nada, sé que he sido colmada de bendiciones pero me siento vacía, estúpida, nada, como si no sirviera para nada, como si lo que hago no llegara más allá de mi hocico.

Puedo predicarle a otros, pero es tan difícil sentirme salva, volviendo a los mismos errores, deseando los mismos errores, de pronto me siento una farsa, diciendo lo que no creo para mi, llevando dentro la tristeza que quiero que los demás no sientan.

Estoy vacía, mi deseo más profundo me consume, me enceguece para ver lo que si tengo, me siento desagradecida, me siento tonta por no ver lo que tengo y seguir pensando en lo que no.  Detesto esta ceguera, pero no lo suficiente para negarme a ella.

Es ciertamente egoismo, lo quiero todo para mi, no soy capaz de resignarme a no tener lo que no tengo, no soy capaz de decir, entiendo, no me es dado, disfrutaré lo que si tengo.  Me amargo la vida en un deseo inconcluso, en lugar de sonreir en las cosas que me han sido dadas sin pedirlas.

Quisiera saber como puedo resignarme a esto, porque no consigo cambiarlo, saber a quién puedo abrirle mi corazón y que pueda darme palabras de dirección, y tener la fuerza para seguirlas; porque muchas cosas me han sido dichas, muchas órdenes me han sido dadas y aún no las pongo por obra.

Señor, estoy bien, sigo en tu lucha, no quiero abandonar, pero esta tristeza me pone en peligro.  Cúbreme por favor.

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