Prosopagnosia

¿Alguno de ustedes recuerda aquellos profes del colegio o de la U, que les bastaba con llamar a lista un par de veces para recordar a todo el salón?, bueno, yo no soy uno de ellos.

Es gracioso saber que tengo recuerdos de montones de personas que han pasado por mi vida, sus rostros, sus nombres, hasta sus apellidos, pero cuando se trata de personas recién conocidas, el proceso de asociar sus nombres a sus rostros es lento y terrible.  Terrible porque siendo docente resulta extra-vergonzoso no recordar el nombre de un estudiante después de un trimestre completo de clases.

Fue realmente hace poco que me di cuenta que en ese aspecto no funciono como la mayoría y me di cuenta que la asociación rostro-nombre ocurre para mi cuando hay alrededor más información sobre la persona, es decir, cuando ya sé quién es como individuo, lo que hace, cómo es su forma de ser, entonces si el nombre viene a ser parte del conjunto y a encajar, y bueno, afortunadamente la asociación compleja dura muchos años.

Recuerdo un par de situaciones al respecto, han visto la película The departed?, bueno ahí actúan un par de actores….. en este momento debo usar google para recordar cuáles, cuyas caras en mi mente son totalmente similares (tras el googlazo, Matt Damon y Leonardo DiCaprio) yo me pasé la mitad de la película sin entender lo que pasaba, si es que el personaje principal era medio bipolar…… hasta que vi la escena con los dos actores juntos….. juemadre, eran dos personajes, con razón no entendía un carajo.

La otra fue hace unos años con un par de estudiantes, cuyos nombres no podría recordar, porque se me parecían mucho ellos dos, realmente yo sabía que no se parecían mayor cosa, salvo que ambos tenían la cabeza muy redondeada y se motilaban casi calvos, pero fue un suplicio porque se sentaban juntos, así que me tardó más de seis meses poder individualizarlos y asociar sus nombres, nuevamente, más gracias a identificar sus formas de ser que a los rostros mismos.

Esta tarde busqué y esa característica en su versión más extrema se llama prosopagnosia, digo en la más extrema porque la literatura habla por ejemplo de un hombre que no reconoce a su esposa o de otro que no se reconoce a sí mismo, yo realmente si me conozco, no tengo marido al cual desidentificar, en general me la llevo bien sabiendo quien es quien, el problema es cuando me presentan a alguien nuevo.

Entonces lo he vuelto chiste y cuando me presentan a alguien le digo, ¿cómo te llamas? y le digo bien, en 10 minutos habré olvidado tu nombre, así que no te extrañes si te lo pregunto de nuevo.  Suena raro, pero quita la incomodidad para el otro de no haber sido identificado, porque vaya que hay gente que se lo toma personal.  Lo mismo con mis estudiantes, les digo que llamo a lista para poder memorizar sus nombres, y es realmente cierto, aunque también verifico quien viene a clase, esa evidencia puede ser necesaria en cualquier momento.

Estuve leyendo más y parece que hay alguna relación entre la prosopagnosia y la dislexia (esta es la página), la cual sé que sufrí de niña y que residualmente conservo para los números de más de dos cifras, pero aún así, estudié ingeniería, el cerebro se las arregla para adaptarse, es flexible y echa mano de la información adicional para completar lo que falta, si, eso también es la base de los malentendidos, pero sirve para funcionar en el mundo.

A esta altura de la vida dudo que llegue a tener hijos, pero si tuviese gemelos, con seguridad los identificaría primero por el tono y el tipo de llanto, adaptación ante todo 🙂

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