Un reconocimiento al tipo de Maestra que todavía no soy

Este es un ejercicio de humildad y de memoria, para reconocer todas las cosas que como docente todavía ignoro y estoy en proceso de aprendizaje y el recuerdo de aquellos buenos maestros que si tuve.

Cuando hablo de mi ignorancia docente no me refiero a las cosas que no sé en el campo del conocimiento, enseño TI, así que lo que ignoro tiende a + infinito, pues el límite posible sería el conocimiento humano.  Esta ignorancia es más sencilla, es de aquellas cosas que ignoro sobre como enseñar, que siendo también un área del conocimiento, está menos ramificada (o eso pienso yo dentro de mi ignorancia).

Cuando comencé a enseñar estaba menos que preparada para el asunto, aún me resulta gracioso que habiendo mi hermana y mi madre cursado estudios como bachilleres normalistas, ninguna de las dos se dedicó a ello como profesión y yo que estudié bachillerato en ciencias terminé en ello.  Mis inicios fueron por decirlo traumáticos, no tenía el temperamento adecuado, ni la paciencia requerida, en aquellos años mis aprendices aprendían más a pesar de mi, que gracias a mi.  Lo único que salvó aquellas épocas, tan duras para todos, fue el hecho de que no había cosa que me apasionara más que el Networking, configurar un equipo de enrutamiento, hacer subir un canal ISDN y ser capaz de diganosticar el comportamiento estadístico de la disponibilidad de una red con un simple registro de ping, eran cosas que realmente me apasionaban (en este punto he perdido a todos los lectores que no les interesa TI), lo que sé es que en aquella época, sin la técnica ni el entrenamiento adecuado, tenía una sola cosa a mi favor, mostrar a otros la pasión por mi profesión en Networking.

Haciendo un recuerdo más anterior, pienso en una profe del colegio que me transmitió una pasión increíble, se llamaba Raquel Molina, ella me enseñó a amar la literatura y los libros, devorarme historias y aprender cientos de palabras nuevas, descubrir formas narrativas extrañas y desafiantes, ella, que si estaba bien apertrechada en su ejercicio docente, tenía además eso que fue mi primera herramienta, una profunda pasión por aquello que enseñaba, y como ella si estaba preparada, hizo de mi viaje por la literatura un delicioso descubrimiento, claro que también había que presentarle los mismos informes de lectura que a cualquiera, pero la creatividad era totalmente bienvenida.  Ella despertó a través de la lectura mi interés por escribir, y me enseñó que el mejor modo de aprender a escribir es leyendo en grandes cantidades.

Después de esos primeros y tortuosos años de trabajar en enseñanza, de los cuales todavía hay aprendices que me muestran gratitud, creo yo más por su bondad que por mi eficacia, me retiré un tiempo donde enseñar era sólo un “trabajo extra” y me sumergí a administrar plataformas y luchar contra bases de datos de exchange, y analistas estrato 50 y reglas ridículas y la satisfacción de resolver chicharrones increíbles y tener un grupo de trabajo genial, y aprendí mucho técnicamente y sobre la vida también.

En ese proceso conocí otro maestro en la especialización, se me escapa su nombre en este momento, que nos dió un curso de negociación.  Con él aprendí lo que realmente significa llegar a acuerdos, no barequeo que es lo que se acostumbra en esta sociedad.

Toda esa etapa me llevó a convertirme en una persona más sensata y humana, más tolerante al error ajeno (con el propio todavía me las veo) y a dejar la cara adusta y dejar que la cosa fluyera más simple.

En este punto recuerdo otro maestro, Don Guillermo, en la U, que nos dictó teoría de teletráfico, había algo en sus historias sobre cómo prácticamente nació la conmutación moderna en EPM y en la suavidad y calma de su voz, algo que me recuerda lo que un maestro realmente debe ser, una gran fuente de conocimiento, dotada simultáneamente de una gran dosis de comprensión por el género humano.  Y no es que Don Guillermo fuese perfecto, seguro que consigo alguno que no le gustara, pero esa forma pausada de explicar, ese conocer a cada alumno, esas cosas que tal vez se consiguen cuando uno ya se acerca a jubilarse y puede mirar la vida desde un balcón donde la prisa ya no tiene más sentido.

Después de algunas vueltas, fusiones, y cambios de manos de acciones de ciertas empresas con quien estaba relacionada, di un triple salto hacia un trabajo con UNV (United Nations Volunteers) para Cisco Networking Academy, algo de lo que algún día escribiré, sobre la experiencia de hacer proyectos sin un solo peso, y que combinaba con la docencia, y que definió finalmente que enseñar si era mi lugar, y que no tenía que esperar a ser perfecta, había que perfeccionar lo que ya sabía.

Entonces ahora soy docente full time, me dedico a perfeccionar lo que sé y a aprender lo que no, cada día aprendo más de mis alumnos sobre la forma como ellos aprenden y sobre lo que es relevante aprender.  Todavía sigo siendo rígida, hay cosas de caracter que no cambian, y cuando alguno se queja porque soy estricta le digo, mis aprendices me toman aprecio cuando se gradúan, tranquilo, usted no me tiene que querer, sólo tiene que aprender.

Y termino recordando a mi profesora de segundo de primaria, Gloria Gallón, quien un día llamó a mi mamá a decirle, señora, su niña lee bien, pero no entiende nada de lo que lee, además, confunde ciertas letras al escribir, así que por favor en las tardes póngala a hacer planas y ejercicios de compresión lectora.  Recuerdo que mi mamá al almuerzo antes de irse a trabajar me ponía la lectura del día, del libro más aburrido posible, libro para adultos por cierto y me dejaba unas hojas con una frase para hacer la plana, y yo, con esa costumbre de siempre de dejar todo para faltando 5 minutos para la hora de cierre, leía a la carrera antes de las 5:00 pm que llegaba mi mamá del trabajo y hacía las planas a toda velocidad.

Resultado, tengo una excelente comprensión lectora y escribo rapidísimo con una letra espantosa (para el tablero uso una segunda versión de mi caligrafía que nació a los 11 años mientras aprendía inglés, no pregunten cómo), pero recuerdo a mi profesora de segundo con especial cariño, porque tuvo el suficiente tiempo para mi (éramos 52 alumnas, yo era la número 52, Yepes) como para marcar una diferencia importante y mi madre tuvo el interés y la dedicación suficiente para completar el trabajo en casa.

Ese es el tipo de Maestra en quien quiero convertirme, una que se interesa suficientemente y marque una diferencia.  Enseñar TI es importante, te da un trabajo y una profesión, sigo amando con loca pasión el Networking, pero si se pierde de vista el ser humano, sólo estamos creando piezas bien aceitadas y ajustadas, que de falta de buen mantenimiento, se terminarán reventando algún día.

Otro día escribiré sobre mis maestros que fueron viento en contra, porque también por oposición se aprende.

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