Va pa’ un año

Antes de leer este post, verifique que sea mayor de 18 o hágase acompañar de un adulto responsable 🙂

Creo que no quería remarcar mucho esta fecha en mi calendario, porque trae consigo la historia de una ruptura, de una ruptura de una relación que nunca fue oficial y de una ruptura importante con quien solía ser yo misma, y mañana será un año de aquello.

No quiero concentrarme en la cuestión sentimental, porque ya no existe, el duelo comenzó hace más de un año, así que ya estaba llorado el muerto antes de sepultarlo, eso en este momento no es relevante para mi, tuvo su espacio y su tiempo entonces, ahora, ya no los tiene.

Pero si me detengo a pensar el algo, que si fue una ruptura total, con mi forma de ser, pensar y sobre todo de actuar, hace un año me decidí por la abstinencia y puedo afirmar que es para mi un descubrimiento que me ha traído paz y sosiego como pocas cosas en la vida.

Habiendo sido una joven que se mantuvo virgen hasta ya mayor, más por falta de garantías que por virtud, inicialmente porque me dije a mí misma siendo adolescente que no iba a arriesgarme a tener un hijo sin la edad legal para votar, y luego de eso en la U, nadie me ofreció estabilidad emocional suficiente para decir, vale la pena.  En esa época, también descubrí que para efectos prácticos yo era capaz de inducir a alguien hacia el intercambio, que el juego de la seducción meramente física era demasiado fácil, contrario a lo que se dice realmente a las mujeres nos queda más facil conseguirlo, hay muy pocos hombres que se nieguen; y precisamente por fácil desdeñé el asunto. En serio, ¡tan fácil! que pereza.

Luego de vaivenes amorosos, casi todos en direccion descendente, llegó el momento en que por alguna extraña alineación de planetas, apareció alguien capaz de darme algo de estabilidad emocional (si, en ese momento de la vida yo andaba en la confusión de que era otro el que me la daba, actuaba según lo que sabía, como todos) y bueno comencé mi experiencia.

Aprendí muchas cosas debo decirlo, sobre mi cuerpo, sobre el cuerpo del otro, sobre el disfrute, y aprendí que el placer no depende de cómo luzcas o de las maromas que hagas, sino del tiempo que te tomas para conocer al otro y de que el otro te dedique el mismo tiempo y se deje conocer.  Todo ese aprendizaje fue interesante, y ciertamente divertido, pero siempre faltaba algo, siempre había un sabor amargo después, por más que se gozara, eso se terminaba, digámoslo de esta manera, es como si después de comer, quedaras lleno….. pero el hambre no se fuera.

Entonces pensaba bueno, es porque las relaciones emocionales en sí mismas no eran suficientemente satisfactorias, entonces de ahí el vacío, pero se pasa rico ¿no? me decía y me convencía, o más bien me engañaba para que las cosas siguieran normales.  Ajá, yo no hacía nada que no estuviera haciendo el resto del mundo, ¿por qué habría de perjudicarme? todos lo hacen ¿no? ¿por qué negármelo? ¿acaso no tengo derecho? si todo iba “normal”, pero seamos francos, el vacío era enorme, todo lo demás era tela plástica para tapar la ventana rota.

Cuando comencé a acercarme a la experiencia espriritual, en muchas ocasiones me dijeron que esa conducta no era adecuada, que me perjudicaba, y honestamente entonces me hablaban en chino. ¿Perjudicarme? ¿pero si es una necesidad básica? ¿niego mi biología entonces? tengo derecho ¿no?

A medida que comencé a profundizar en la experiencia espiritual y empecé a leer la Biblia, y comencé a encontrar esos pasajes donde se mencionaba explícitamente que mi conducta no era agradable a Dios (aquí ya perdí a todos los que no perdí en el primer párrafo) y esas palabras me sonaban a más chino todavía, pero bueno, estaba escrito allí, hablaba de la misma conducta que yo tenía, y se desaconsejaba totalmente, ¿por qué? yo no entendía.

Cuando finalmente la palabra escrita en la Biblia comenzó a permearme, entonces me convencí que si, me perjudicaba, yo estaba entregando mi cuerpo físico a alguien que no era mi esposo (he sido soltera toda la vida), que yo andaba prestándole el Templo del Espíritu a otro para que pasar rico un rato, aja, yo también pasaba rico, pero el vacío era la evidencia de que algo andaba mal.

Cuando me convencí de esto comencé a luchar contra mi deseo, o instinto como lo quieran llamar, yo tenía el entendimiento en la mente, en lo racional que no me convenía, pero el sólo análisis de ventajas y desventajas no era suficiente; el asunto se volvió peor, pasé de hacer lo que no me convenía porque pensaba que era mi derecho, a seguirlo haciendo a sabiendas de que era inadecuado para mi.  La fuerza de voluntad no bastaba, pasé de no confesarme durante casi una década, a confesarme cada 10 días de lo mismo.

En este párrafo voy a perder a los que han llegado hasta aquí…… lo diré en palabras breves para que el que no sabe de que estoy hablando lo pase ligerito.  Tuve que renunciar explícitamente a Satanás, para poder decirle realmente Si a Jesús, después que lo hice increíblemente la fuerza llegó para que pudiera decir ¡No quiero! a algo que antes me causaba tanto deleite.

El proceso fue lento, lo más interesante fue perder el interés por las situaciones que yo buscaba.  Sin embargo todavía faltaba romper con la última relación que me quedaba en ese esquema.

Ese momento llegó, doloroso, triste, porque comprendí que había puesto mi cuerpo como si fuese el de una prostituta, que estaba permitiendo a otro tratarme así, la puñalada llegó, no del otro, sino del desgarramiento profundo de saber que todo el daño, toda la angustia provenía de lo que yo habia buscado para mi vida, el otro sólo era el alambre de púas con que me gustaba rozar el corazón para extraerle dolor.  Mañana será un año de ese día.

Debo decir que tardé un tiempo en recuperarme, cerré toda comunicación con el otro, no por odio, no  por rabia, sino porque sabía que si no lo hacía, volvería atrás, volvería a caer en lo mismo.  Dios me había revestido de fortaleza por ese día, había abierto mis ojos, pero si no comenzaba a cuidar de mi misma, todo sería en vano.

Pasados unos días, descubrí algo que no conocía, que ni en mi juventud cuando fui virgen experimenté, la tranquilidad de permanecer abstinente.  Como dije antes mi virginidad no era por virtud, sino por falta de garantías, pensaba que el estado natural era hacer lo que todos, entonces la abstinecia era poco menos que un concepto abstracto y de vida de asceta.  Cómo han cambiado las cosas.

Experimentar la abstinencia me ha permitido disfrutar con más tranquilidad las cosas, tomar mis decisiones con claridad, pues sé que es lo que quiero para mi vida, lo que es consistente con la experiencia esprirtual que llevo, ya no más vida dividida, ya no más historias que ocultar, ya no más entregar lo que soy a quien no es.

Este es un proceso donde también he pasado todo este tiempo sin pareja y creo que ha sido conveniente, no comenzar ninguna relación que no este conforme con lo que ahora es mi vida y mi experiencia.  Espero que al conseguir pareja mantenga esta misma firmeza, que Dios me de la fuerza (porque la mía es pobre, se ha visto) para perseverar y si es la voluntad de Dios, llegar a construir un matrimonio conforme a Él.

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