Un elogio a mi papá

Tal vez porque tengo la mala costumbre de acostarme tarde (o sumamente temprano en la madrugada del día siguiente) justo los días que tengo la jornada más larga, es que se me ocurre en este instante escribir este elogio a mi padre.

Y comenzaré diciendo que este escrito es meramente personal, especialmente porque da amplia cuenta de mis raíces y cómo llegué a ser quien soy, especialmente en la opinión política y la expresión libre en general.

Y como la forma más fácil es la cronológica, entonces comenzaré diciendo que mi padre es el segundo de una familia de 9 hijos (cada vez que voy a decir ese número me toca contarlos); uno fallecido en la infancia, como casi toda familia de aquella época, donde la mortalidad infantil era cosa corriente, todos sus hermanos viven al momento de escribir estas palabras. Hijo de dos campesinos de corazón conservador, de esos que orinan azul de metileno como decían hace tiempo, cuando ser de algún partido significaba alguna cosa.

Siendo así las cosas, mi padre estaría conducido a ser también campesino y conservador, pero él no eligió ninguno de los dos caminos.

Hago un paréntesis para decir que ser campesino es honroso, tengo un tío que se dedica al noble oficio del campo y lo admiro al levantarse a sus 60 y tantos años a las 4:00 am, y llamar a sus vacas por su nombre y que ellas atiendan para ir al ordeño. Realmente dentro de cada colombiano hay un campesino, no me digan que todos no quieren tener una “tierrita” para cuando se jubilen y sembrarle vainas, si, este es un pueblo agrícola, eso es bueno, es lo que hemos hecho con esa riqueza agraria lo que no lo es.

Así mi padre, que sufría de dolor de estómago cuando lo mandaban a traer las vacas, se hizo aprendiz de litógrafo a los 14 años, en aquella época se requería un permiso de la regional del trabajo para poder hacer eso, el dueño de la finca en la que trabajaba su padre lo contactó y el entonces muchacho comenzó el que sería el oficio de toda su vida.

Contó con buenos maestros, que le enseñaron el arte de imprimir usando piedras, litografía, por eso se llama así. Mi padre todavía conserva una de aquellas piedras entre sus caros artículos de colección para el recuerdo. Caros a la manera de Cortázar, por amados, no por costosos.

Terminaban los 40’s y comenzaban los 50’s, cuando ocurrían muchas cosas en este país, la violencia que se agudizaba, el país que se polarizaba, y si a mi padre siendo niño no le tocó como a mi madre y su familia, que eran liberales, dormir en un cafetal con sal en la boca para esconderse de los “chusmeros”, fue porque venía de una familia conservadora, en un pueblo conservador y porque la violencia era mayoritariamente en los campos. Cualquier parecido con realidades actuales no es azar, es consecuencia histórica.

Aprendiendo y ejerciciendo su oficio, mi padre se vinculó con el sindicalismo, aquí que cierren los ojos los que no saben lo que es un sindicato y que ignoran que gracias a ellos tenemos jornadas de trabajo máximas, salario mínimo, cajas de compensación, SENA y otros beneficios de los asalariados, todas esas cosas las pelearon los sindicatos y por ellos las disfrutamos ahora los que tenemos contratos laborales.

En los 50’s gobernó Pinilla, que vino a recoger el país de la postración de la violencia política, y trajo innovaciones importantes como el voto de las mujeres, ah y la televisión también. Pero más que eso mis padres recuerdan un programa llamado “Sendas Pinilla” que llevaba juguetes y mercados a los más pobres de las áreas rurales. Finalmente Pinilla cayó, reemplazado por una junta militar y luego de ésta se dió comienzo al Frente Nacional.

Simultáneamente en esa década se gestaba la revolución cubana, donde los Estado Unidos vieron como un puñado de mal apertrechados combatientes, apoyados por la potencia opositora (si, eran los tiempos de la guerra fría), esos fulanos les arrebataban el burdel y patio de recreo, que es lo que era Cuba para ellos, el lugar de veraneo. Eso produjo que los gobiernos de EU, cambiaran su visión totalmente de lo que ocurría en Latinoamérica, especialmente el difunto JFK, que instauró algo llamado “La alianza por el progreso” cómicamente llamada aquí “La alianza para el regreso” donde especialistas y graduados universitarios de todo tipo vinieron a ofrecer cooperación técnica, a los pueblos más apartados de la geografía latinoamericana, Colombia no fue la excepción. Así por ejemplo, mi madre fue novia de uno de esos asesores (en esa época no conocía a mi papá) en un pueblo llamado Toledo, que los que lo conozcan saben cómo es, y ella si le decía, no me vengás con cuentos Robert, ¿que viniste de asesor agrícola vos que tenés dos carreras universitarias y hablás varios idiomas? eso dígaselo a los ignorantes, no a mi. Cuando los padres de él vinieron a conocer Toledo, aterrados por la geografía y las carreteras, dijeron que la entrada a su granja era más ancha que la carretera para llegar al municipio. Ese noviazgo nunca llegó a matrimonio, mi madre siempre tuvo buen discernimiento de no emparejarse de por vida con quien no encajara totalmente.

Un efecto colateral de esas visitas, fue la proliferación de iglesias Cristianas por todo el territorio nacional, obviamente estos asesores además de “asesorar” vaya uno a saber en nombre de qué organismo de inteligencia de EU, también se dedicaron a predicar su fe.

Corría el frente Nacional y en las elecciones del Frente de 1970 Pinilla se presentó como candidato y según cuenta mi mamá iba ganando los escrutinios hasta altas horas de la noche, cuando el entonces presidente Lleras Restrepo dijo que no se daría más información al público, y al día siguiente el país se levantó con Misael Pastrana Borrero como presidente. Eso fue un 19 de abril, adivinen por qué cierto movimiento se llamó hasta su desmovilización con ese número. No es raro ni es exclusivo de Colombia que algunas personas se decidan por la vía de hecho cuando la vía legal les niega el derecho.

Mientras todo esto pasaba, en el furor de la guerra fría, la gran preocupación de EU de que cualquier otro país se volviera una Cuba los llevó a convencer al resto de latinoamérica que todo lo que oliera a comunismo o socialismo (que no son lo mismo) era peligroso y había que erradicarlo, inclusive con la muerte, tortura, amedrentación o destierro de sus partidarios, nuevamente, cualquier parecido con la realidad actual no es azar, es consecuencia histórica.

En esos tumultosos 70’s por un lado se organizan las estructuras del conflicto armado, por otro lado comienza la exportación de marihuana (sin registrarla en el PIB obviamente) que harían un matrimonio posterior, y las clases sociales convencidas de que el comunismo y el socialismo eran una cosa muy terrible, se dedican a coadyuvar al desarrollo de movimientos de todo tipo, para frenar lo que le parecía algo peligrosísimo. Así se creó la Mano Negra, que señores, no es un invento reciente para llamar a la extrema derecha, así mismo se llamaban ellos, dirigidos por el difunto Echavarría Olózoga, que se dedicaban a algo muy sencillo, publicar listas negras de todo trabajador de la industria que fuera vinculado al sindicalismo, y usando esas listas negras para impedir que ese trabajador consiguiera empleo en cualquier industria del mismo ramo. Si, mi padre estuvo en una de esas listas, al igual que muchos de sus compañeros, siendo mi padre el único que se jubiló en ese oficio, los demás se dedicaron o al arte o se fueron a Venezuela donde había oportunidades laborales grandísimas, y no había listas negras entonces, porque ahora si que las hay, de cuenta de los contrarios políticos de quienes las crearon en Colombia.

En esos tumultosos años 70, mis padres se casaron, en una decisión maravillosa y valiente de mi padre de aceptar a mi madre tal como era, con las dificultades que tenía y que iba superando por medio de un tratamiento psiquiátrico. Una infancia de violencia exógena y endógena en la familia deja secuelas graves, piénsenlo bien cada vez que les parezca que cualquier grupo armado tiene derecho a andar quemando ranchos y desterrando familias con niños, con cualquier excusa ideológica.

De ese amor valiente de mi padre y del coraje de mi madre para superarse, nació mi hermana, la razón por la cual mi mamá jamás volvió a tomarse una sola dosis de drogas psiquiátricas, para conservarla entera en su vientre, pues había dudas de que sus fármacos podían tener efectos similares de la talidomida, descubierta en los 60’s como causante de terribles deformidades en bebés, que nacían sin brazos ni piernas, es la única mutación inducida por fármacos que se hereda, constatando daño genético permanente, los hijos de la talidomida pueden tener a su vez hijos con las mismas deformidades, sin haberla consumido jamás.

En la mitad de esos años 70 nací yo, y mi padre que pudo quedarse para siempre sin empleo pudo seguir trabajando gracias a un empresario que dijo valientemente, yo contrato a quien quiera, ustedes no me van a decir cómo dirigir mi empresa.

¿Cómo se yo todo esto? porque me lo contaron en las muchas noches de cenas familiares, donde se hablaba del día y de política, donde se aprendía a argumentar, donde se aprendía a escuchar, donde se hablaba de la historia no oficial que no estaba en mis libros de texto de historia colombiana, sino que salía en las crónicas de los periódicos. Recuerdo estar en la sala y mi padre tomar un artículo de los columnistas del Espectador, y leerlo en voz alta para toda la familia, cierta nostalgia atravesada sentí cuando vi la escena de “Cóndores no entierran todos los días” donde León María Lozano, hacía lo mismo con su familia, pero mi padre era un trabajador raso y el hombre de la película era un jefe de Pájaros, senda diferencia.

Hay tantas cosas maravillosas más que podría contar de mi padre, cómo se quedaba jugando fútbol con mi hermana y yo hasta las 10 de la noche, después de haber llegado cansado de trabajar, cómo siempre ha tenido ese humor fino y preciso para el momento, cómo me enseñó que es importante ser coherente con los principios que se tienen en la vida.

Políticamente mi papá ha sido toda la vida liberal, cuando eso tenía algún sentido, ahora también sigue siendo liberal, pero no sé que pensará ahora del partido, después de tantos ires y venires, después de verlo tan desdibujado y repartido.

Políticamente el mejor legado que me ha dejado mi papá es no tragar entero, leer también la historia no oficial, escudriñar las razones ocultas de los acuerdos y los desacuerdos, los móviles económicos que dirigen la política, el engaño frecuente al pueblo, si, todos somos pueblo señores y señoras, aunque a unos les duela porque no creen serlo y a otros les duela porque saben que lo son y lo que implica. Mi padre no me dejó una inclinación hacia ningún partido, porque ahora no hay ninguno que pueda llamarse así, no hay colectivos de principios, sólo colecciones de oportunistas.

Por eso ninguno en la familia votó en ninguna de las elecciones por Álvaro Uribe, porque como dice mi mamá al desayuno se sabe el hambre que se va a aguantar a la comida, y ya lo conocíamos como gobernador, patrocinando convivir y permitiendo abusos de la fuerza pública en Urabá, como senador ponente de la ley 100, en fin, la historia de lo que había hecho antes. Si algo puedo decir en favor de Álvaro Uribe, es que fue un hombre coherente que cumplió su programa de gobierno, los que después se sintieron decepcionados fue que no lo leyeron, yo si lo leí, por eso no voté por él.

Me causa igual gracia los que ahora se sienten decepcionados de Santos, por quien tampoco voté, porque si esperaban un Presidente títere del ex-presidente, se equivocaron de miembro de esa familia. Pero bueno, al menos un deporte nacional que estuvo proscrito por 8 años so pena de ser tildado de t****ri s t a se ha restablecido, el de criticar al Presidente de turno. Me siento más tranquila en una sociedad donde alguien puede estar en desacuerdo con el Presidente, sacarle chistes, y no es motivo de sumario, la de ahora es una sociedad seguramente, más democrática.

Si a alguno despúes de leer todo esto le asalta la duda si soy de izquierda, puedo decirle que lo fui hasta los 16 años, cuando entré a la universidad y conocí a los “Marcianos”, entonces me di cuenta que esa ideología de la que mi padre alguna vez me habló no existía en la realidad, sólo era una excusa nuevamente, para el beneficio de unos pocos. Puede que alguno me recuerde en la U y sabe que yo fui de los “Academicistas”, que se iban para las asambleas a proponer que volviéramos a clase, claro que algunos, ya deben haber olvidado que asistieron a asambleas alguna vez en su vida. Siempre me pregunté entonces ¿A quién presionan los “mecanismos de presión”? ¿A quién le importa que no vayamos a clase? hasta hoy creo que no tengo una respuesta para eso.

Quien es mi padre hoy, un hombre satisfechamente jubilado, que ama a sus nietas (mis sobrinas) y juega con ellas, que todavía lee vorazmente y está al día políticamente, que en sus años de trabajo pasó de la edad de la piedra (literalmente) a la era del computador y la flexografía, se jubiló cuando Corel apenas comenzaba a tomarse el mercado y cuando las modelos las retocaban a punta de pincel, no de photoshop. Yo conservo una lupa suya, con la que revisaba la trama de las pruebas de impresión, los que saben de artes gráficas me comprenderán, yo no tengo experiencia, lo que tengo es un padre de experiencia.

Ese es el hombre que yo conocí como mi padre, y le hago un elogio por enseñarme a opinar, a no tragar entero, a comprender que una insensatez lo sigue siendo aunque la mayoría la siga, que el valor más importante es la honestidad, que no hay mejor almohada que una conciencia limpia, que no hay mejor vida que aquella que se vive coherentemente entre lo que se dice y lo que se hace, y lo que se hace es para el bien de todos.

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