Un problema de expectativas

Hace poco, a raíz de un comportamiento de alguien que no me gustó, y la reacción infantil de “Te voy a borrar del facebook”, que finalmente no hice porque sería hacer notorio mi disgusto, comencé a pensar sobre las cosas que me molestan en las relaciones afectivas, de las cosas que me la vuelan, y analizándolo con detalle, he llegado a la conclusión que es un problema de expectativas.

Pienso por ejemplo en las tres palabras que más he odiado en muchos años “Yo te llamo” y como el lío de esas tres palabras es precisamente que yo espero que el otro llame, y que normalmente quien las dice es porque no piensa llamar, solo es una fórmula de cortesía nada más.  Si simplemente dejara la expectativa de que el otro llamara, pues las dichosas palabras dejarían de molestarme o ser importantes, perderían la carga emocional que les doy, a beneficio mío.

También encuentro complejo procesar cuando las personas hacen cualquier tipo de oferta, o la aceptan como fórmula automática, sin que realmente sea eso lo que desean, ahí van todas las demás frases como, “nos vemos en estos días” “un día de estos salimos” “paso por tu casa cuando haya oportunidad”.  Lo que tienen en común todas estas frases es, que están escritas en un tiempo indeterminado y que mi psique no sabe procesar eso y las ubica como posibilidades en el futuro, cuando todas ellas son básicamente respuestas automáticas.  Como cuando preguntan ¿Cómo vas? y el otro contesta “Bien gracias a Dios ¿y vos?”.  Realmente nadie espera que cuando pregunta ¿Cómo vas? el otro honda y sinceramente le cuente como está, de hecho si lo hace la otra persona tiende a ponerse incómoda por exceso de información no pedida.  Esos y otros son acuerdos tácitos del lenguaje en nuestra cultura, que cuando se trata de posibilidades de encuentro, mi psique no procesa adecuadamente.

Volviendo al asunto de las expectativas, el lío tiende a empeorar cantidades industriales cuando el otro es sujeto de mi afecto, porque cuando es así la expectativa sube más, ahora no es solo que le creo, sino que lo espero con ansia, entonces cuando el otro no lo hace, (que de hecho jamás pensó hacerlo) en mi mente se genera un bonito enredo y disgusto, porque el otro incumplió.  Joder, si en principio yo hubiese entendido que no había intención de cumplimiento, pero no, cuando hay afecto de por medio me queda imposible comprenderlo, me la creo toda, tal cual me la dicen.

Cuando no hay expectativas, funciona de forma transparente y sin dolor alguno, si alguien me dice “Tal vez te llame” y yo no espero que lo haga, pues respondo tranquila “Tal vez te conteste”.  ¿Habrá alguna manera en mi psique que al aumentar el nivel de afecto hacia alguien, conserve el nivel de tranquilidad primigenio, donde hay cero expectativas? ¿Por qué tengo esa incapacidad de dejar que el otro haga cuanto bien parezca, y pues yo también, cuando se mezcla el afecto?

Si te quiero, espero que hagas ciertas cosas por mi, esa es la transacción oculta (pero evidente) que tengo detrás de todo eso, y poco han surtido efecto las toneladas de terapia que he recibido al respecto, yo sigo esperando que el otro cumpla y curiosamente lo espero de la gente que menos indicadores da de estar dispuesta hacerlo.  Claro, para recibir la confirmación patológica de que el otro no es de fiar.

Tal vez ese sea el meollo del asunto, necesito (en mi retorcida mente) que el otro falle, para confirmar la creencia de que no son dignos de fiar, así que las expectativas cumplen dos funciones: quitarme la tranquilidad y garantizar que el otro siempre se equivoca.

¿Podré algún día deshacerme de esas expectativas? Espero que si, el día que deje de necesitar desconfiar de los demás y para ello deje de escoger poner pruebas a la gente que de plano ya se sabía que las iba a fallar.

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2 comentarios en “Un problema de expectativas

  1. Y si es diferente?
    Si las espectativas son mínimas… no nentir, no herir adrede, estar allí sin traición ni intriga?
    Realmente puede ser malo q la mente busque rodearse de personas y alejarse de otras?
    Es instinto de supervivencia, quien daña por el simple hecho de PODER HACERLO…
    Claro q alguien me dijo una vez “…al enemigo hay q tenerlo cerca..”

    1. Hay expectativas realistas, no mínimas, esas es las que vale la pena tener, cuando espero que el otro me trate bien y tratarlo bien de vuelta, cuando espero que el otro sea él mismo y yo hago de igual manera. Esas es bueno tenerlas, las otras, las patológicas, mejor omitirlas.

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