Teatro

Mirarte es extraño, imposible de comprender, como quien está cerca, justo al otro lado de una puerta de cristal. Te miro revolotear por ahí, en todo lugar, siempre te veo, con un cierto aire histriónico de noten que estoy presente, a veces soy audiencia de ese teatro y quisiera que la actuación fuese para mi.

Otras veces te observo, silencioso, como ausente, con una mirada de quiero dejar de mostrarme, quiero que vengan a mi. Pero nadie va, pareciera que los demás no se percatan de esa pose abstraída, demasiado acostumbrados a la actuación común.

Entonces voy, me acerco y pongo cualquier tema para saber como estás, o soy tan imprudente como para preguntarlo directamente. Entonces quisiera cuidarte, resolverte el mundo, pero se me olvida que la puerta de cristal sigue allí. Te sonrío, te trato con ternura, te doy alguna cosa y me voy. Yo no tengo permiso de pasar esa puerta, no me lo has dado.

En ocasiones me pregunto cómo serás en las noches cuando estás solo contigo mismo, cuando no hay público, más que la propia mirada del espejo, cuando los únicos brazos disponibles para abrazarte, no alcanzan para pasar sobre tu columna vertebral. ¿Actúas sin público, juglar de vocación? o ¿Te replegas en tu cama como un niño, intentando darte a mí mismo, suficiente calor? ¿Tienes preguntas incómodas mordiéndote los pantalones? ¿Te increpan esas preguntas sobre por qué no hay nadie más allí?

Ah querido arlequín, como quisiera romper para siempre esa puerta de cristal, pasar de tu lado y abrazarte profundamente, decirte que te veo y te noto, todo el tiempo, inclusive cuando te quedas calladito, que puedo sentir que estás en la mitad del gentío, que mi corta vista se alarga para reconocerte a ti.

Como quisiera querido histrión, que cuando me abrazas en tus actos fuese cierto; ciertamente afecto y no un simulacro más, como quisiera que cuando estás cerca yo tuviese algo que decir, o sentir, una conversación real, más allá del simple intercambio de hechos. Pero se me olvida que de mi lado también hay instalada una puerta de cristal, y que de tanto tenerla cerrada perdí la llave, y que tu no eres actor de acción, no te vas a lanzar contra ella para romperla.

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