El aborto, la discusión equivocada del tema correcto

Vivo en un país donde el aborto no es considerado legal, excepto en tres casos, un país que ha debatido hasta el cansancio si esto debería ser así, o si debería penalizarse todo o debería despenalizarse todo.  Un tema donde todos los que quieren opinan, pero los que potencialmente estarían más interesados no pueden, los que no han nacido.

Y es precisamente la discusión sobre las causas del aborto, y no sus efectos, la que yo creo nunca se ha dado.  ¿Por qué algunos que no han nacido resultan inconvenientes para la sociedad?  Aquí el punto no es si la mujer tiene o no derecho a abortar, el punto es en qué condiciones se crea el ambiente en que ese niño nonato resulta incómodo, inapropiado, inoportuno, ¿Qué lleva a una mujer individualmente o a un colectivo social a pensar que no nacer es lo mejor que le puede ocurrir al por nacer?

Hace unos días un ministro Español abrió un interesante debate, diciendo que había una violencia estructural contra la mujer embarazada (Cita) mencionando casos donde a las mujeres se les restringe el acceso al empleo o se teme la pérdida de éste por el solo hecho de estar en estado de embarazo.  Y eso no sucede solo en España, yo conozco una empresa industrial y comercial del estado (de esas que son públicas pero funcionan como privadas) donde se contrata a los empleados por una empresa temporal y las mujeres saben que si quedan en cinta no les hacen nuevos contratos, es simple, si quieres ser madre, sabes que debes cambiar de empleo.

Hablando de otras violencias estructurales, pienso en las jóvenes adolescentes, que han quedado en cinta, independiente si fue por decisión propia o por abuso externo, el hecho final es el mismo, la sociedad las excluye de las oportunidades que tendría una adolescente que no tiene hijos, no hay facilidades para mantenerse en el sistema escolar, no hay facilidades económicas para evitar tener que dejarlo para salir al mercado del trabajo, tampoco hay empleos a la medida que les permitan a estas madres jóvenes continuar con sus estudios y cuidar de sus hijos.  Es como si la sociedad quisiera “castigarlas” por haber optado por tener sus hijos.  Nuevamente, el hijo es inconveniente, inoportuno, y para muchos lo mejor sería que no naciera.

Alguien dirá que esos embarazos pudieron aplazarse en el tiempo con acceso a anticonceptivos, pero no hablo de lo que pudo haber sido, hablo de la actitud de la sociedad con lo que ya fue, el bebé ya está en el vientre, ya existe, el problema real es como la sociedad trata a los niños y a las mujeres que los llevan dentro.

Este tipo de inconveniencia no es solo para las mujeres muy jóvenes, resulta igual para cierto segmento de mujeres mayores y ciertamente con mejores posiciones sociales, que también genera un problema.  Mujeres que dicen que en su perspectiva de vida no está la maternidad, que no tienen tiempo o que un hijo truncaría sus aspiraciones, en este caso el resultado es el mismo, el no nacido estorba para algo.

Alguien dirá que una mujer debe ser autónoma para tomar sus decisiones, pero en este caso la decisión de la mujer está viciada por el criterio social de lo que es éxito, de lo que la sociedad moderna espera de la mujer “liberada”, de lo que hacemos con lo inesperado, de como aceptamos la responsabilidad inherente a las consecuencias de los propios actos, el bebé no llegó allí por generación espontánea.

En el campo religioso también se propician actitudes similares, por un lado, son los movimientos religiosos, quienes se ponen a la vanguardia de lo que llaman la defensa de la vida y en muchos casos tienen la visión que volver delito el aborto es una solución, como si la cárcel pudiese devolver la vida a alguno, pero al mismo tiempo crean un ambiente que en sí mismo es adverso para las condiciones en que se gestan ciertos embarazos.  Así en los círculos religiosos, se estigmatiza a la mujer que concibe fuera de la relación matrimonial o de un padre que no es su esposo, resulta que en este ámbito también hay hijos “convenientes” e hijos “inconvenientes” entonces decirte que debes tener a tu hijo porque es lo moralmente correcto, pero te pondrán la Letra Escarlata en el pecho como afrenta por lo que hiciste fuera de los cánones morales, tampoco es hacer bienvenido al que está por nacer.  Así se reciben a los hijos en condiciones “deseadas” con alegría, y a los demás, como si fuesen una carga de culpa.

Recientemente leí un artículo hablando de la Paradoja Católica del aborto (Cita) donde se evidencia las consecuencias que esa actitud contradictoria causa en las mujeres de Estados Unidos, se cita que si se tiene en cuenta la creencia religiosa de la mujer, hay un 29% más de probabilidad que una mujer que aborta sea católica que protestante, siendo la iglesia católica abiertamente opuesta al aborto, mientras no todas las iglesias protestantes lo son.  Esto proviene de la defensa a la vida en el discurso, pero el rechazo a la mujer embarazada y a la criatura por nacer en la vida cotidiana.

Me pregunto también, ¿Qué nos está pasando en este país con respecto a la manera como vemos a los no nacidos?, en estadísticas del Instituto Guttmacher (Cita) en 1989 el porcentaje de embarazos no deseados era de el 52% del total, para 2008 esa cifra subió al 67%.

Creo que el asunto no se resuelve con aplicación de penas punitivas que piden los pro-vida; las mejoras sanitarias que piden los abortistas podrán favorecer la salud de la mujer que aborta, pero tampoco solucionan el asunto mismo de que ella estaría en mejores condiciones de salud si no tuviese que hacerlo en primera instancia.

Detener esto tiene que ver más con la educación en el amor propio y el amor por el otro, más con políticas reales de apoyo y protección a la mujer embarazada en toda circunstancia, más con una mirada de la sociedad que deje de juzgar y estigmatizar a la mujer por embarazarse, sin importar la circunstancia.  Crear una nueva mirada social donde todos los no nacidos son bienvenidos, sin peros, sin excepciones, sin exclusiones.

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