Sobre la que fui y la que soy

Desde muy joven siempre dije que nunca me arrepentiría de lo que había hecho en el pasado, porque en su momento y con la información que tenía, por equivocada que fuese la decisión tomada, era lo mejor que podía hacer.  Eso nunca significó que justificara el mal causado a otros, de ese si me arrepentí muchas veces, aún sabiendo que era un ejercicio vano, porque mi arrepentimiento de nada servía para curar lo hecho.

Hoy, en este momento, hago una pausa para mirar atrás, para contemplar a la mujer que fui, que creyó tantas cosas, que en esa época le resolvieron y le definieron el mundo, sabiendo hoy que ya no me defino así, que mi mundo se resuelve de otro modo, que lo que tomé por cierto ya no lo es.

Y amo a la mujer que fui, porque desde sus errores y sus logros construí la mujer que soy hoy, amo también su confusión y su trastorno, porque me permitieron formularme las preguntas adecuadas, para llegar a las respuestas correctas.

Tal vez lo único en que estuvo muchos años equivocada la mujer que fui, fue en creer que siempre sería así, que no había otro modo, otro camino, otra manera de ser y sentir.  Pero es comprensible, vemos el mundo con lo que hemos aprendido, cuando no conocemos un lenguaje no podemos ni entenderlo ni expresarnos en él, es apenas natural que mi mundo de entonces no tuviese la capacidad de vislumbrar otros mundos.

Me gusta ser la que soy ahora, más yo, no porque antes quisiera ser otra, sino porque amaba menos a la que era, desdeñaba más lo que hacía y decía, era demasiado dura conmigo misma, ahora puedo ser más benigna, y descubro que al igual que mi amor ayuda a transformar a otros, amarme a mí misma también me transforma.

Me gusta mi mirada de hoy del mundo, porque sin cerrar mis ojos a la realidad y dejar de reconocer el horror que habita en ella, se ha renovado mi esperanza en el otro, a la vez que yo me he redignificado, lo he hecho con los demás, creo más en su capacidad de amar, de hacer lo mejor, salen ahora de mi boca palabras impensables hace años, puedo confiar en otros, esta vida no es una lucha solitaria, en su lugar es un camino solidario.

El mundo esta lleno de esperanza para mi ahora, lleno de personas capaces de compartir su amor conmigo, lleno de posibilidades y la verdad yo sé que siempre lo estuvo, la diferencia fundamental es que abrí mis ojos para verlo.

Doy gracias a Dios porque sé que me ha dirigido en este proceso, por sostener mi mano, por enviar a tantos para apoyarme y mostrarme cuán simple y feliz podía ser todo.

Ahora sé que puedo seguir siendo aliento para otros, no como antes como una compensación de la tristeza que sentía, sino desde la alegría recobrada, desde la vida llena que reconoce la potencialidad, la belleza y el amor en los demás.

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