El más improbable de todos

Escribo como testimonio, de lo que siento hoy, que no sé qué será mañana, escribo para mi, aunque esto sea parcialmente público.

Sos la única persona en mi vida que ha venido con un anuncio de profecía, la única persona que conocí la semana que se supone que Dios me dijo que había escuchado mi oración por un esposo.  Y te lo juro, aunque se supone que no debería jurar, que si no fuera por eso, jamás te habría considerado probable para nada.  Te conocí y no sé por qué, me hablaste tanto, tenías tantas cosas para decir, de pronto tan elocuente, tan lindo, tan extraño.  Un par de días más tarde supe que tenías novia y 12 años menos que yo, eso te puso en el rango de improbables, el más improbable de todos, una jugada extraña de la profecía.

Igual comencé a observarte, a ti, a la corta vida pública del internet, a mirarte y decir, lindo, pero improbable.

Igual alguna noche en la radio, escuché tu voz, y mi cuerpo reaccionó como a un llamado familiar, como a una voz que esperé escuchar toda mi vida, como si me llamara justamente a mi.

Luego, muy luego, me doy cuenta que uno de tus improbables ya no existía, tu novia no era ya más, tu estabas en gran dolor, yo no más te miraba, desde la distancia, con pena, pero sin poder decir nada.

Entonces tu corazón cambia, de salida de ese amor encuentras otro, yo noto que hablas en voz alta pero en especial para alguien, en mi fértil imaginación a veces pienso que soy yo, mientras un hilo de realidad me revela tácitamente de quien hablas.

Y una noche, de improviso, te saludo para preguntarte de un favor pedido, que más que favor yo sé que era excusa para verte, y sin mediar más nada, abres tu corazón, revelas ante mi tu dolor por el amor no correspondido y yo, que ya sabía todo, te escucho, te acojo, y te digo que ama si quieres, no te limito ni te insto al olvido, total, sé que yo estoy del mismo modo, pero en la arena contraria, ¿Cómo podría yo decirte olvida lo que sientes? ¿Si yo siento igual, pero por ti?

Entonces comenzamos un intercambio de palabras tan frecuente, tan cordial, casi tan familiar, como si conocieses el lenguaje que abre todos mis sentidos, de pronto abres mi corazón de par en par, y me haces recordar la mujer que fui, la sensible que hay debajo de la ingeniera, la que escribía cuentos y dibujaba figura humana, la de mi adolescencia y mis primeros años de Universidad.

Me recobraste a mí misma, me hiciste llorar tantas veces oyéndote, oyéndome a mi en ti, reconociendo en ti mi dolor, mi vida a tramos, las cosas que he querido y desdeñado de mi misma, fuiste un espejo maravilloso, que dulcemente me condujo a darme cuenta que mi fe también tenía que ver con todo esto y que era Jesús el espejo para mirarme.

Así, no sé si antes o después, dijiste las dos palabras más improbables de todas “Te quiero”.

No puedo describir lo que sentí, la confusión en mi por el contexto, la alegría infinita por escucharlas de ti, a quien yo ya quería de antemano.  No puedo más que recordar el deleite de decirte que yo también te quería y la felicidad mayor de no encontrar rechazo de tu parte por mi cariño.

Por unos breves días pensé que la profecía era cierta, creí en incredulidad que era posible, que vos podías realmente ser la voz que tanto esperé escuchar, por unos breves días tus 12 años de menos no me importaron.

Ah felices días aquellos que yo creí que ese te quiero era especial y único para mi, ah felices días donde nos hablábamos a diario y todo lo que yo hacía te parecía lindo, tierno, agradable, preciosos días que terminaron, te quieros que no volvieron, que se quedaron en fórmulas de igualito y que hasta esa perdieron.

Yo todavía te digo te quiero, por el hábito, por la felicidad de que todavía no me lo impides, por la añoranza de que un día sea cierto.  Todavía te digo te quiero sabiendo que ya no me respondes, que tu corazón sigue en otro lado, que no sé si debí preguntar o seguir en mi pobre ignorancia y creer que el te quiero era cierto.

Pero a pesar de todo, de la profecía de significado oculto, vos has sido una escuela de afecto para mi, como hace ya más de seis años no tenía.  Por vos dejé a mi corazón enamorarse de nuevo, por vos lo liberé de putear cada vez que algo sentía, lo dejé libre, lo dejé sentir, lo dejé amar, lo deje irse y abrazar el tal vez.  Por vos reconecté las neuronas de mi lado izquierdo del cerebro, y volví a armar y amar poesía, y volví a dibujar y volví a recordar quien yo era antes de convertirme en ingeniera.

Por vos mi pasado se revindica en mi presente, ya no soy más dos mujeres, soy una, que ama y siente, que calcula y diseña.

Por vos me permití amar de nuevo, sentir de nuevo, llorar de nuevo, enfrentarme a mi limitación, a mi angustioso deseo de controlar, a mi gran incertidumbre porque no estás y finalmente dejarte ir, porque no encuentro nada más.

Por vos que me dejás abrazarte cuando nos vemos, que me tratás con una dulzura inusitada, por vos que te dejás decir te quiero y no te asustás, no me tratás en cuarentena, me dejás quererte y ya.

Vos me has devuelto la gana de querer y de sentir de nuevo, y si bien no seas la respuesta ni a mi plegaria, ni mucho menos la conclusión de la profecía, digo hoy muchas veces que estás altamente relacionado con la pregunta.  Yo necesitaba volver a experimentar lo que era amar, antes de poder conocer a quien sea la respuesta, gracias por darme tanto no pedido, gracias por tu ternura, gracias por aceptar mi cercanía sin chistar.

Gracias por devolverme a mi corazón, no importa si mañana no estás, lo que me diste quedará en mi.  Soy mejor persona por solo estar contigo, solo por conocerte y eso es mucho en tan poco tiempo.

Solo GRACIAS

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