Queridos hombres buenos

Queridos hombres buenos, ciertamente les he conocido, han sido mis amigos por años y años, unos muy antiguos, otros más recientes, pero indudablemente nos hemos encontrado en el camino.

Les conozco, si a ustedes, les he visto como son, como tratan a las mujeres, como les sonríen y les muestran su ternura, lo mejor de su repertorio de encantos, como les ceden el puesto y les corren la silla al sentarse.

Pero, queridos hombres buenos, también les he visto fracasar miserablemente conquistando el corazón de las mujeres, que por una razón inexplicable para ustedes eligen hombres más patanes, más egoístas, menos interesados en complacerlas.  Y esto los desconcierta más que cualquier cosa, incluso algunos de ustedes se han hartado de ser buenos, de mostrar su capacidad de sentir y ser empáticos con las mujeres, al punto de que algunos de ustedes se han vuelto patanes.

Voy a revelarles un secreto, que como muchos otros siempre estuvo a la vista, pero jamás se dieron cuenta de él, el motivo por el cual los prefieren patanes.  Queridos hombres buenos, están encontrándose con mujeres que no se aman suficientemente a sí mismas para saber lo que valen, ellas están tan confundidas como ustedes, ellas creen que ustedes son demasiado buenos para ellas, que ni se los merecen, inclusive ellas creen que ustedes no existen, peor aún, ellas creen merecerse a los patanes, creen que no hay otra cosa mejor en el mundo que la incertidumbre afectiva, algunas de ellas aman el sufrimiento que los patanes les dan, por eso son incapaces de amarlos a ustedes, porque no las hacen sufrir, no les dan una dosis de angustia profunda.  Ustedes parecen aburridos porque son predecibles, porque la bondad es predecible, siempre actúa del mismo modo amable.

Y entonces ¿Qué hacer? queridos hombres buenos, huyan como de la peste de las mujeres que no se aman a sí mismas, no importa cuanto las amen, serán incapaces en ese estado de verlos a ustedes.  No importa cuán bien las traten, cómo las valoren, ellas solo esperan el desdén, y la atención constante las desubica como nada en el mundo.  De repente se sienten asfixiadas, menos libres, menos ellas, porque tras una vida de perseguir o soportar patanes, la verdadera cercanía, la intimidad real, que no la física sino la emocional, duele de manera incomprensible.  Rodeadas de excusas y paredes para no ser lastimadas, las mujeres están totalmente fuera de lugar cuando no tienen que luchar, cuando les dan su sitio sin guerras.

Queridos hombres buenos, busquen mujeres que sepan lo que es bueno para sí mismas, capaces de tomar decisiones y ser responsables por ellas, que no necesiten de ustedes, pero que si tengan un lugar en sus vidas donde ustedes encuentren cabida.

Queridos hombres buenos, no olviden tampoco jamás amarse ustedes mismos, no se cosifiquen por ninguna mujer, no permitan que los manipulen, mucho menos que usen su bondad para sacar provecho de ustedes, valoren lo que son y pueden dar, aprendan también a darse su lugar, a no rogar el afecto de una mujer confundida incapaz de verlos.

Queridos hombres buenos, sobre todo, no se vuelvan patanes, no pierdan la esperanza de encontrar mujeres que se amen a sí mismas, no se dejen lastimar más, si es necesario apártense.  Cuiden ese corazón que también les dieron a ustedes, pero que jamás les enseñaron a proteger, que jamás les dijeron que era valioso e importante.  Queridos hombres buenos, no su fuerza, sino su amor propio, puede impedir seguir saliendo maltrechos de cada encuentro afectivo.

Queridos hombres buenos, sigan siéndolo, ustedes están en lo correcto, cuando los patanes se den cuenta, querrán ser como ustedes, ellos también están hartos de la lucha, de pasar de una mujer a la siguiente, pero los patanes tampoco se aman los suficiente a sí mismos como para comprender como crean el caos y detenerlo.

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8 comentarios en “Queridos hombres buenos

  1. Me siento aludida, tantos hombres buenos que he alejado de mi vida por esperar los patanes, ahora entiendo, la falta de amor propio y de autoestima es determinante en estos casos…

  2. Yo era así, sigo siendolo pero ya no lo demuestro con nadie, me he vuelto huraño con la gente (hombres y mujeres) que no conozco, tampoco era todo un galán pero al menos feo no era (no es por ser presuntuoso), era tímido eso si, pero ya van casi cuatro años desde que me enamoré de una chica (para mis ojos era lo más hermoso que había visto en mi vida) y era linda, cariñosa, bonita, inocente, pero ella jamás me hizo caso, no se lo dije abiertamente pero se lo di a entender, aun así desprecio lo que yo sentía por ella, 2 años fui con ella a la escuela y jamás me aceptó, ya casi van dos años desde que la vi por ultima vez, ya no quiero sentir nada por nadie, me han dañado muchas veces en la vida y esta fue la que me dio el tiro de gracia al enamorarme de verdad, jamás senti nada igual, ya van dos años de soledad y aislamiento (aislamiento verdadero, no estoy exagerando), no hablo con nadie, no salgo de mi departamento, ya no tengo contacto con mis amigos, esa chica me dejo muerto en vida literalmente, yo la amaba en realidad, pero prefirio a un patán de los muchos que hay, ( no soy homosexual pero en mi punto de vista ese tipo era feo físicamente, celoso y de los que tratan despectivamente a las mujeres), aun no encuentro la respuesta a eso, solo se que ya no quiero estar con nadie…

    1. Hola:

      Decidir dedicarse al ostracismo por lo que te hizo una chica en singular es cuando menos una exageración. Elegir no sentir es una solución que en el largo plazo termina perjudicando más de lo que contribuye, me consta. Puede que no hayas tenido a la chica de la que te enamoraste, pero eso no implica que será la única vez que te vas a enamorar en la vida. Claro que si decides no volver a sentir, si va a ser cierto, pero no por lo que te haya sucedido, sino por la respuesta que elegiste.

      1. Pero no se puede experimentar tal y como lo siente cada persona amiga por eso a veces es facil hallar la solucion a los problemas de los demás…

        1. Yo no puedo hallarle la solución a los problemas de nadie, cuando mucho puedo hacer observaciones sobre lo que veo en sus acciones. Cada uno es responsable de resolverse lo suyo.

      2. Hola, iyepes, me siento también identificado con Un Chico Tímido, dado que antes solía ser un caballero atento, detallista, estuve enamorado de una nena por muchos años, a la que poco le importé y que me trataba con desprecio e indiferencia cuando le expresaba mis sentimientos y que en ocasiones me pedía que me alejara de ella para no sentirme incómodo y de paso no incomodarla, veía que prefería patanes y gamines, incluso uno de ellos la hizo aterrizar de mala forma y me buscó para desahogarse y buscar un consuelo; cuando me alejé de ella, quise probar si la supuesta “amistad” que había la apreciaba, pero sólo vi como respuesta que cortó todo contacto conmigo, dando a entender que la amistad le importaba un carajo. Cuando pude estar con alguien, ya era otra persona, fui un completo canalla y ese fue el error que aún duele cuando lo recuerdo, ya que no hay posibilidad alguna de resarcir el daño o remendar las heridas que le causé… ante eso, decidí encerrarme en mi ostracismo y seguir en mis cosas, a veces aislándome en mi mundo, quizá es la salida más cobarde que uno de hombre tiene, parecido a lo que hacen los avestruces. El ser bueno desgasta y cansa y eso muy pero muy pocas mujeres lo valoran, hasta el punto que eso sea motivo suficiente para no serlo, por lo que casi siempre hay que ser huraño y tosco con muchas personas, a veces hasta el punto de rayar a lo descortés, aclaro, sin embargo, que eso nunca es justificación.

      3. Oí de una mujer, quizá en un blog, o en Facebook, que las mujeres saben amar que los hombres… las mujeres saben medir sus sentimientos y sus impulsos, pero un hombre rara vez mide eso, solemos mandarnos con todo a la hora de amar sin medir consecuencias, por eso es que pocas veces un hombre ama dos veces, y casi imposible que uno de hombre ame por tercera vez. Por eso un hombre pocas veces vuelve a ser bueno después de un desplante o un mal de amores.

        1. No sé, cada cual según lo que le ha tocado vivir, pero por más cosas poco agradables que me hayan pasado conservo la capacidad de querer intentarlo de nuevo. Cada ser humano es un mundo, tratar a alguien nuevo como consecuencia de lo mal que me trataron otros es injusto, por decir lo menos.

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