Querido hombre de mi vida

Desde esta esquina de mi vida, te saludo.

He de decir que desde hace mucho tiempo, tengo la noción de que no existes, que fuiste un cuento que alguna mujer emparejada inventó, para reírse de todas las demás que no.

He pensado mucho en qué pasó contigo, por qué nunca llegué a conocerte, a veces creo que moriste en un aborto, jamás llegaste a ver la luz y se truncó cualquier posiblidad sin haber nacido. Otras veces pienso que desististe antes que yo, te rendiste frente al mundo, entonces, ya no hubo modo que tus ojos y los míos se cruzaran, porque los tuyos ya estaban perdidos.

Lo curioso es por qué, con toda la evidencia en contra de tu realidad, aún insiste la mía en inventarte, en esperarte, ¿Para qué este deseo insensato que la vida cotidiana se goza en confirmar su futilidad?

De veras que pienso en el día que me hice púber y comenzaron a gustarme los chicos, como una burla de la biología, ¿Para qué dotarlo a uno de herramientas que jamás va a usar?, es todo un desperdicio de energía y de tiempo, un despilfarro de esfuerzos físicos y cognitivos que podrían usarse en tareas más productivas.

No negaré que la pasé bien buscándote, que sentí miles de mariposas en el estómago y que fueron divertidas mientras duraron, que cada vez creí que esa era la vez definitiva, que en cada ocasión sentí que podía alcanzar lo que decían me estaba destinado. Solo para despertar unos días más tarde, pocos o muchos, con la felicidad, como decía Benedetti, cerrándose de un brutal portazo.

Pero creo que ya tengo edad suficiente para desistir, a pesar de mi madre que alguna vez trató de animarme con una historia de un matrimonio en un grupo geriátrico; nunca en la vida me pudieron dar esperanza más desalentadora.

Si, creo que ya he aprendido bastante para saber que eres solo una fábula, y no de Esopo porque no tienes moraleja, solo un cuento, y no de los Grimm porque no tiene personaje, solo eres lo que no está, el que no existe. A lo más parecido que te encuentro es a aquella cosa ominosa que se iba tragando a Fantasía en el cuento de Ende.

Aceptémoslo, me vendieron una mentira y me la creí, por años quise creer en esa mentira, aún teniendo la intuición de que lo era, me aferré a lo que se suponía debía ser, solo porque todos me decían que así debía ser. Claro, es muy fácil decirle a otro que es posible cuando se ignora la imposibilidad ajena.

¿Qué me queda? No renegar, solo tomarlo como el hecho natural que es, desistir, rendirse, dejar de creer, dejar de esperar, pero sobre todo y lo más difícil, dejar de anhelar.

Quien sabe, tal vez en el futuro haya un hombre que escriba esto mismo, refiriéndose a una mujer que jamás conoció, porque antes de encontrarlo ella se rindió, y sus ojos jamás se cruzaron porque los de ella ya estaban perdidos.

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5 comentarios en “Querido hombre de mi vida

  1. Te espero cuando la noche se haga día,
    suspiros de esperanzas ya perdidas.
    No creo que vengas, lo sé,
    sé que no vendrás.
    Sé que la distancia te hiere,
    sé que las noches son más frías,
    Sé que ya no estás.
    Creo saber todo de ti.
    Sé que el día de pronto se te hace noche:
    sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
    sé que soy un idiota al esperarte,
    Pues sé que no vendrás.
    Te espero cuando miremos al cielo de noche:
    tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
    en los que un beso marcó la despedida,
    Quizás por el resto de nuestras vidas.
    Es triste hablar así.
    Cuando el día se me hace de noche,
    Y la Luna oculta ese sol tan radiante.
    Me siento sólo, lo sé,
    nunca supe de nada tanto en mi vida,
    solo sé que me encuentro muy sólo,
    y que no estoy allí.
    Mis disculpas por sentir así,
    nunca mi intención ha sido ofenderte.
    Nunca soñé con quererte,
    ni con sentirme así.
    Mi aire se acaba como agua en el desierto.
    Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
    Mi esperanza de vivir eres tu,
    y no estoy allí.
    ¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás,
    ¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
    Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.
    Porque todas las noches me torturo pensando en ti.
    ¿Por qué no solo me olvido de ti?
    ¿Por qué no vivo solo así?
    ¿Por qué no solo….

    Mario Benedetti….. te espero.

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