Despidiéndome

Hace unos días pensaba en este amor, si renunciaría a él como a todos los demás, si dejaría de insistir, si me marcharía con la misma rabia que hace poco debí perdonar de muchas anteriores, con el sentimiento de tener las manos cortas e incapaces de alcanzar lo que deseo, puteando para dentro esos absolutos de “la única opción que puedo elegir es no estar” “nunca me puedo quedar”.

Me negué entonces a eso, luché en la primavera de mi corazón por mantener el sentimiento, por mi derecho no reclamado a amar si me daba la gana, porque me daba la gana, sin importar lo que ocurriese al otro lado del campo, solo por la felicidad misma de amar y permitírselo a mi corazón, después de una sequía de seis años, después de putear e impedirle a mi corazón por todo ese tiempo que sintiera, y dejar que lo resintiera.

Digo ahora que ese sentimiento valió la pena, valió su espacio, valió mi despertar, mi permitirme amar, sentir otra vez que no es metálico lo que me habita el pecho, sentir otra vez que corría sangre por mis venas, amor por mis entrañas, y también química y fluidos en mi biología.

Luché por ello con las mejores armas que tengo, con mi ternura recobrada, con la palabra que había sido desdeñada, con la escucha siempre bienvenida, con el abrazo tímido y la presencia constante.

Pero yo no contaba con el resto del mundo, no contaba con tu corazón atrapado en otro, con el juego del orgullo y el egoísmo que hicieron lo necesario para denunciarme antes de tiempo y alertarte de mi afecto, como si de una peste se tratara, como si de algo muy peligroso te advirtieran.  Si, posiblemente sea peligroso quererme, después de toda una vida de no saber hacerlo, es muy probable que la próxima vez que quiera cometa muchos errores, y no cualquiera va a estar preparado para ello, para aceptarlo y aceptarme, para ser paciente y amarme con mis rosas y mis espinas.  Si, tal vez te advirtieron adecuadamente, tal vez yo hubiese sido una prueba demasiado dura, tal vez te economizaron un dolor.

Pero todo eso son especulaciones, no estás, no estoy, esa fue la única realidad desde siempre, que me hayas buscado en tu desesperación fue un evento que jamás comprenderé, cuándo o por qué comenzaste a mirarme es otro que tampoco sabré, esas incógnitas se pueden quedar así.

Ahora es mi deseo retirarme de este amor, no porque me haya llegado la hartura, sino porque se está terminando la alegría, no porque el dolor sea insufrible, sino porque la angustia crece y no merma, mi corazón sintió, te amó, aprendió de ti tanto que jamás te lo imaginarás ni sabrás, fuiste el instrumento que usó Dios para sanarme de mil formas, te lo dije muchas veces y no lo creíste; no importa, con que yo lo sepa es suficiente.

Así que te veo nuevamente, para leerte de otro modo, como el chico muy joven, que aún no termina de madurar que realmente eres, no importa si tu alma es anciana como lo fue la mía a tu edad, en el fondo sigue siendo un alma de niño, con amores imposibles, que prefiere los suspiros a las realidades, que pudiendo tener lo bueno, elige lo difícil y los golpes del amor, ese es tu escenario, y aunque quise ser la actriz principal en él, he de reconocer que se trataba también de un peligro latente para mi, riesgo que asumí, pero que no llegó a materializarse jamás.

Te quiero lindo, y los dos sabemos que más allá del amor del Señor, te quiero como hombre, y que te vendo un simulacro para quedarme cerca, para que no me apartes como una hereje, pero como la realidad siempre pesa más que los simulacros, igual lo conoces y me apartas, es demasiado tangible para que ambos no lo notemos.

Sin embargo, yo seguiré una danza sutil, como si nada ocurriera, como si nada cambiara, solo descentrándome de ti, solo haciendo mis horarios sin tus horarios, mis cosas sin tus cosas, mi vida sin tu vida.

Esta es una despedida para ti pero sin ti, estoy dándole permiso a mi corazón de que no te quiera más, que se libere y te libere de ese afecto, que ninguno necesita ya, cumpliste tu papel y te lo agradezco, diste vida a mi vida, sanaste mis heridas sin saberlo, soy una mejor mujer y persona gracias a ti, te lo agradecí directamente aunque no lo entiendas y eso ha de bastar.

Hoy elijo no crecer más en este amor hacia ti, porque tu no estás presente, yo podría elegir seguir creciendo en él sin ti, pero eso ya no tiene sentido para mi, puede ser un recurso romántico literario, pero en la vida práctica es una insensatez de proporciones alarmantes.

Con esta decisión ya sé que no eres mi promesa, porque si lo fueras, no habría duda alguna para quedarme, para tomarte y declarar que me estabas destinado.  Dios guardó silencio, he de entender que eso significa que tu no eres la respuesta a la pregunta, aunque cambiaste mi corazón de tal manera, que estaré mejor preparada cuando realmente la obtenga.

Que notarás de mi, prácticamente nada, solo que dejaré de estar siempre ahí, me iré despacio, sin que se note mucho, conservaré el espacio comunitario, el saludo afectuoso permitido en ese espacio, las clases, pero las palabras, todas esas que te obsequiaba, se van a ir menguando, y los cielos sobre mi cabeza, se harán esporádicos hasta que un día sin notarlo ya no serán más.

Me preguntaba como era retirarme sin rabia contra lo sucedido, tal vez es esto, elegir no poner más el corazón ya en ti, y dejarlo sólo en su puerto seguro, en mi.

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