La noche en que todo se rompió

Simplemente ya ni sé que fue lo que me golpeó.  Anoche lo vi como un juego de mi absurdo ego, incapaz de preocuparse por otro que no fuese sí mismo, pero a su vez incapaz de fungir como una autoestima decente en las mañanas cuando me saboteo, procastino y me hago daño abierto a mí misma.

Hoy he amanecido como quien ha llorado toda la noche, emocionalmente exhausta, silenciosa, casi rencorosa y con una herida abierta en el pecho.  ¿Qué tan profunda la herida? No sé aún.

¿Es este el hombre por el cual oro a Dios para que sea mi esposo? ¿Este ser humano sumamente frágil y todavía con pendientes emocionales por madurar? Si, yo a su edad estaba en un estado probablemente de mayor postración, sin una red de soporte y en la mayor angustia, lo compadezco en su humanidad, sé que esta suerte de drama llegará el punto en su vida que tendrá un fin, tomará fortaleza y madurez para sobrellevar sus propios vacíos del alma, siento empatía por eso, pero, su tiempo y mi tiempo ayer fue demasiado evidente lo separados que están.

También me quedó claro que estoy fuera de su círculo afectivo cercano, a mi no quiso decirme qué pasaba, lo cual lastimosamente mi ego resintió como envidia, por aquellas mujeres con las cuales si lo compartió.  Nuevamente deploro mi ego, que solo miro hacia mi, hacia mi importancia, otra vez centrado en mí e incapaz de tenderme comprensiva hacia nadie.  Juego del ego que a nadie beneficia y que descubre mi intención malsana, mi centramiento obcecado, estéril, porque no planta flores ni para que yo las vea.

¿Cómo puedo ser la mujer que Dios le tiene prometida, si ni siquiera salgo de mi? ¿Qué tipo de apoyo puedo darle, cuando en mi mente reviste mayor importancia que él esté pensando en mi en su momento de angustia y no al contrario? ¿Qué bien puedo hacerle si yo quiero que en su dolor él me vea, y no soporte yo ser una espectadora silenciosa sin protagonismo?

Después de todo lo que pasó ayer, ¿Qué puedo decir? Que no estás en la edad para ser el hombre que busco y que con mi ego estoy incapacitada para ser una ayuda adecuada para ti.  Es una conclusión tan triste, porque te amo lo mismo, te extraño lo mismo, pero el abismo entre nosotros resultó ser más grande de lo que yo ya sabía.

La edad y la experiencia formarán un hombre sólido en ti, de eso no me cabe duda, encontrarás en el amor a Dios la fortaleza para conjurar tus propias inquietudes, para no ahogarte solo en más ríos internos, para comprender el mundo tal cual es y darte la oportunidad de vivirlo así, sin sufrirlo, con sus victorias y sus derrotas.  Ese tiempo te llegará cuando deba llegar, cuando quieras alcanzarlo y tal vez yo aún esté por ahí, en un rol que no sé cual será para entonces en la escena de tu vida.

Y yo, y mi ego, no sé qué vamos a negociar, no sé a donde me llevará este descubrimiento, que se extiende a todos los ámbitos de mi vida y de alguna suerte la malogra, me muestra mi propio egoísmo, mi incapacidad de amar honestamente, sin búsquedas ocultas de satisfacer a la niña mimada que todavía me habita y que quiere ser el centro de atención del mundo.

Tal vez lo que más me asustó anoche, fue precisamente verme en ti, recibiendo tanta atención a partir del llanto y del drama, creo que en parte eso fue incómodo también, porque aprendí a pedir afecto de esa manera, mostrándome necesitada e indefensa, incapaz de buscarlo de otro modo.  No creo que tu quepas completamente en ese esquema, porque te he visto pedir afecto de otras maneras, pero eso de anoche se me reflejó inusitadamente, por unos instantes te vi la reina del drama, y de lo más simpático, mi ego lo único que pidió fue ser un miembro más de tu club de fans, resentido por no haber sido incluido, receloso y dudoso del afecto por no haber participado en un papel protagónico.

Sé que te voy a seguir queriendo, yo no tengo un switch para apagar mis sentimientos de un día al siguiente, pero cuanto sé que ayer se rompió algo profundo, algo que si bien parece irreparable, tal vez transmute en algo mejor, tal vez me aparte de ti, para que haya espacio en mi vida para alguien más. Duele, pero de forma distinta a las veces anteriores.  Ya no es alguien que con su negligencia y poca claridad no se atreve a optar por mi, soy yo misma quien abre los ojos a la evidencia y sin culparte de nada, comprende, que lo que nos separa está allí y no puede ser más cegado por la ilusión adolescente.

Como te dije anoche, te quiero mucho, mucho, mucho, eso no cambia, tal vez nada ha cambiado, solo me estoy dando cuenta de como era de por sí, está cayendo el velo que me había puesto yo misma.

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