La gente que entiendo y la que no

Hay cosas que puedo comprender, porque estuve allí antes, así que entiendo a las personas que en su tristeza terminan por lastimar a quienes aman, porque no conocen otro modo, y sé y puedo darles esperanza que no hay motivos para que eso siga siendo así toda la vida, que tienen la oportunidad de sanarse si lo eligen.

Entiendo a las personas que se sienten diferentes, que perciben en mundo como si no encajaran en él, que les cuesta un esfuerzo inimaginable funcionar como el resto del mundo, en las cosas triviales y sociales, que se sienten fuera e incapaces de hacerse comprender, y sé, y puedo darles la esperanza que existe un lugar para ellos, y que ese lugar se crea a partir de reconocer su propio valor y construir con otros el lugar donde pueden habitar.

Comprendo a la gente que voluntariamente daña a otra, en su desesperación, en su incapacidad de hallar otras salidas, en su visión que el mundo les ha quitado y deben arañar lo que puedan, como puedan, a costa del dolor humano, y sé, y puedo darles la esperanza que cuando renuncien a causar daño, sus ojos se abrirán para reconocer todo lo si recibido, para ver la bondad de la cual son objeto en cada momento de su vida, la belleza rodeándolos y habitándolos.

Hay otras cosas que me cuesta mucho comprender, porque no he estado ahí, así que se me hace infinitamente imposible entender a la gente que relega a otra gente, que cree que lo que puede dar es para unos pocos, restringidos, exclusivos, que crea ghettos y divisiones, que tiene el corazón tan pequeño que el resto de seres humanos no les caben.

No entiendo la gente que dice una cosa y hace lo contrario, que declara con su boca lo que sus actos niegan, que se justifica constantemente, que es incapaz de ver sus errores y comprender que es parte del problema, que los otros esperan dé el paso.

No me cabe en la cabeza la gente que murmura, que dice del otro lo que es falso, que juega con la honra ajena o devela el secreto que no le ha sido permitido.

No comprendo a la gente que depende del dinero, que su felicidad está puesta en la posesión de cosas, que es incapaz de disfrutar con la sola presencia del otro y depende de la transacción monetaria, ciega a la maravilla cotidiana del contacto humano, de los asombrosos hechos naturales que los rodean, un amanecer, un pájaro que canta contra todo pronóstico bajo una ventana de ciudad, las risas compartidas en familia.

No sé si hay esperanza para a gente que no entiendo, no he estado ahí, no puedo dárselas, pero algo me dice en el corazón que también deben tenerla, debe haber un modo de mirarse a sí mismos, ver el daño que causan, y decidir obrar de otra manera.

Tal vez yo no te entienda, pero nunca voy a negarte la posibilidad de creer en ti y tu capacidad de transformar la realidad que te has fabricado hasta ahora.

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