Cuanto ocurre no es casualidad

“Los gobiernos, con el incumplimiento sistemático y deliberado de los acuerdos que firman con los campesinos y con el cumplimiento estricto de los acuerdos que firman con EE. UU., Europa, Corea, han obligado a la gente a las vías de hecho, a enfrentarse con las fuerzas armadas, para luego argumentar con cinismo que los labriegos están siendo utilizados por la guerrilla. Desprecian a la gente al mostrarla como una masa estúpida, ignorante y maleable, susceptible siempre de ser manejada por los agentes del mal, y por eso son capaces de firmar los TLC pensando sólo en los intereses de los “agentes del bien”.” Alfredo Molano Columna en el Espectador: La Joda va para largo

Estamos cosechando cuanto hemos sembrado, todos somos responsables, dejar la mirada simplista de que el presidente de turno es el causante, cuando como sociedad hemos cohonestado con el delito, con el despojo, con el abuso.

Colombia está en un momento fundamental, como gritaban en un 20 de julio por allá, “Si desaprovechais estos momentos de efervescencia y calor…..” Es el momento de mirarnos y repensarnos como sociedad, dejar el odio ridículo y caudillista, reconocer de una vez por todas que somos co-responsables del desastre y dejar de perpetuarlo.

Hay que darle fin a la concepción de lo público como de nadie, a la permisividad que alienta a los peores hampones a quedarse con el dinero que todos pagamos en impuestos, en hacer leyes que permiten que sigan delinquiendo. Si tenemos una legislación que impone más multa por violarle la patente a una empresa extrajera que por sembrar coca ¿Qué clase de mensaje estamos enviándonos a nosotros mismos?

Este país es de todos, por más que no pensemos igual, nadie necesita que ideológicamente seamos iguales, pero si que trabajemos juntos como los compatriotas que somos. Es hora de resolverlo, de actuar cada uno en su ámbito y transformar lo que significa ser Colombiano, alcanzar esa identidad nacional que tan esquiva nos ha sido siempre, afincados en regionalismos poco constructivos, que en lugar de exaltar la diversidad privilegian el desprecio por el otro.

Por más que no queramos asumir la responsabilidad, nos compete a todos. Si bien en la democracia el constituyente primario delega el gobierno sobre unos representantes, este lío lo armaron ellos y nosotros cohonestamos, nadie va a poder resolverlo si todos no cooperamos.

Eso tal vez implique que a usted le toque ser menos cómodo, dejar de privilegiarse con lo mal hecho, rechazar un negocio que perjudique a otro, comprar lo nacional y no lo extranjero, hasta organizarse para participar en política. Piense usted qué responsabilidad le toca, y actúe en consecuencia para revertir el daño.

A este punto llegamos todos juntos, no vamos a salir sin el concurso colectivo de voluntades.

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