Sin ningún esfuerzo

Si supieras, que no necesitas hacer otra cosa sino hablarme, mirarme a ratos con esos ojos tuyos, aunque de tanto en tanto sé que ni miras. Ninguna otra acción más que sonreír, como si nada, por cualquier cosa, ponerte la mano en el cuello, que no sé es cansancio, timidez o aburrimiento, dedicarme tus frases, en ese tono suave, de cualquier tema sobre el planeta, da lo mismo, solo quiero tu atención y me hace feliz tenerla, en medio del mundo, en medio de la extraña gente, donde de algún modo no encajamos los dos y nos escapamos hablando.

Si supieras, que esa forma tranquila de ser tuya, tan distinta a la mía, me hace sentir calmada, segura, que por un momento puedo ignorar al resto, el ruido que sea y ser solo tu y yo conversando.

Pero la verdad, es que ni lo sabes, ni te importa, por adorable que me parezca lo tuyo es llanamente ser amable, como eres con todas las personas que conoces. No soy yo, no es porque yo te parezca especial, porque sientas algo similar cuando está conmigo, tal vez soy la única persona calmada que encuentras en todo ese barullo y te sientes cómodo, no es más, no soy más, es una pena. La experiencia me ha enseñado que ese trato usualmente tiene más cercanía con la cortesía y la compasión, que son cosas buenas, pero no se están necesariamente relacionadas con el interés.

Si supieras, que si extendieras tu mano, encontrarías la mía, como otras veces, otras personas, cuya mano me quedé aguardando para siempre, que nunca lo hicieron, porque no era su deseo. Entonces no lo tenía claro, y esperé, ahora sé que no debo hacerlo contigo, al menos esta vez sé que aun deseándolo, no debo confundir el buen trato con afecto, no es lo mismo, no está siquiera cerca. Lamentablemente el afecto me es tan ignoto, que no sé si cuando realmente suceda llegaré a darme cuenta, lo he confundido con todo lo posible en la tierra, nunca lo he visto, aunque lo he soñado tantas veces, no sé como luce, no sé como se siente que lo sientan por ti, creo haberlo sentido por algunas personas, pero jamás, jamás, por raro que parezca, lo he recibido de vuelta.

Si supieras que he llorado pensando en ti, pero no es realmente por ti, es la tristeza misma de saber que lo más que pudiese tener de ti es otra historia lánguida de añoranza, de aguardar lo que no hay, de intentar forzarte a que me des lo que no te nace, lo que no sientes, que transformes esa cordialidad social en algo emocional. Qué lástima, que esté tan profundamente enferma todavía, que no sepa como se comunica el mundo, que sea tan absurdamente extraña e incapaz de inspirar afecto verdadero en nadie.

Si supieras que me gustaría formar algún tipo de lazo contigo, insistir por vez enésima en buscar unos ojos que no ven los míos, de crear un espacio donde estuviésemos solo los dos, y mirarnos, y reírnos, como lo hace todo el mundo, como nunca lo he hecho con nadie que no busque en mi otra cosa, que no es propiamente afecto.

Si supieras que en mi corto pero tortuoso prontuario, usualmente termino involucrada con la gente que me interesa, de alguna manera complicada y retorcida, forzada por mi, articulada como una trampa, como una araña que teje una red conociendo a la mosca, pero a diferencia de la araña ella se alimenta, y yo siempre quedo vacía. La red se agita, de quien quiere soltarse de mi, y después de un tiempo, que cada vez es más corto, lo libero de mi, dejo de chuparle afecto falso, corto las cuerdas y vuela libre, donde sea, a quien sea. Curioso, usualmente después de dejar mi trampa encuentran el amor que buscaban para sus vidas, parece que esta viuda negra les enseña un par de cosas para que calienten sus nidos. Bien por ellos, por sus felicidades sin mi felicidad, porque luego los veré contentos, y quedo yo, con la telaraña rota o rearmándola otra vez para la próxima víctima, porque no hay araña alguna que quiera tejer conmigo. Yo, demasiado rara, demasiado oscura, demasiado inestable, demasiado lo que sea, siempre quieren algo que no soy yo, siempre buscan unos ojos que nos son los míos.

Tu no tienes cara de araña, no tienes aspecto de querer tejer conmigo, así, que si soy sensata, en lugar de reconstruir la red de nuevo, debería simplemente verte volar por ahí, disfrutar tu cortesía y tus patitas cerca de la tela, pero resistirme, no atraparte, yo ya sé esto como termina, conmigo rompiendo la tela a cuchilladas para dejar al otro irse y mi corazón cortado en pedazos durante el mismo acto. Tal vez te mereces que te tenga un rato, doy buena suerte, casi podría garantizarte que la chica después de mi será la indicada, pero no, mejor dejarle el trabajo a otra, estoy demasiado cansada emocionalmente, no creo estar dispuesta a pasar por esto de nuevo, a sabiendas que el final no va a ser feliz, para mi.

Si supieras lo agradable que me resulta tu voz, tus ojos, tu calma, pero voy a dejarlos así, como una pintura que ves linda y has contemplado en un museo, está ahí para ser vista, puedes deleitarte con su vista y su presencia, pero es del museo, no puedes llevarla a casa, no hay como pagarla, le pertenece a alguien que ni siquiera conoces.

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2 comentarios en “Sin ningún esfuerzo

    1. Algo que aprendí con el tiempo y casi con sangre, en estos asuntos la oportunidad también depende de la voluntad del otro, no es cierto que todo dependa de ti. De ti depende el 50%, el 50% restante el otro decide si le interesa ponerlo o no.

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