Paradojas

Y en esas paradojas de la vida, el hombre que más deseo, cuando está sobrio solo quiere de mi que le abrace hasta quedarse dormido. Estamos todos demasiado enajenados como para ser capaces de conducir dos horas solo porque alguien necesita ser confortado y reconocido como ser humano, inclusive siendo nosotros mismos ese alguien.

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