Epitelio

Tal vez una cosa lleva a la otra, realmente nunca lo supe, pero con el tiempo ciertas cosas con las que luché largamente se me han vuelto más que naturales.

Siempre se me dijo que parte de ser humano era congeniar con la gente, hacer amigos, acercarse a los otros, y honestamente ante tanta insistencia les creí, tenían que tener todos los demás la razón, aunque lo único que había en mi cabeza era un insistente impulso por alejarme de todos.

Hice muchas cosas, sufrí hasta el cansancio para hacerme más querible, más tolerable, menos inoportuna, menos sobrante, modulé mi carácter y mis palabras, fui a terapia, escuché a mucha gente, observé muchísima más, y saben algo, no funcionó. Hay algo en mi intrínseco que me aparta del mundo.

Ya sé que puedo acercarme lo suficiente para tener relaciones cordiales y pasar por una persona sensata, ya sé que danza se baila para no importunar mucho al otro y que no te aparte, pero sigue siendo epitelial y de tanto en mucho sigo metiendo la pata. Las relaciones humanas siguen sin salirme naturales.

Sé que seguiré obrando malabares para acercarme al mundo, para parecerles amable a los demás, porque muchas de las cosas que hago implican gente, continuaré en mi empeño porque los roces sean mínimos y tan infrecuentes como se pueda.

Pero de puertas para adentro sigo siendo yo, solo yo, la única persona que estará conmigo toda mi vida digita el teclado en este instante, los demás, están fuera, no quieren estar dentro; los comprendo, hay seres más simples que yo, no hay buenos motivos para ir más allá con un ser espinoso, para que tomarse el trabajo si hay tanta gente por ahí más fácil.

De niña no había forma de comprenderlo de otro modo, ahora sé que no estaba equivocada, hay personas que nacemos con una habilidad especial para estar de nuestra cuenta, que no necesitamos la charla constante ni la cercanía perenne.

Solo queda un único pero, todavía, infortunadamente todavía, me gustan los abrazos, lástima que cada vez haya menos gente para darlos y yo haya renunciado a intercambiarlos por sexo por el costo emocional de la transacción.

Miro a todos los extraños de mis recuerdos, que lejos todos, a algunos que quise ya no los extraño, a otros nunca fuimos realmente cercanos. Alguno que otro todavía parece quererme, pero como todo, con la sordina puesta.

Vendrán otras personas, otros lugares, las viejas personas seguirán dando vueltas por ahí sin ocuparse demasiado de mi, tampoco yo ya de ellos.

Nunca pensé que esta distancia iba a terminar siendo tan amplia, tampoco sabía que ocurriría casi naturalmente, casi sin dolor, más por simple sustracción de materia.

Quien me quiera no se aflija, sigo estando aquí, al alcance de un abrazo, variemos el baile, vengan de visita de vez en cuando.  Los demás, básicamente no los busco ya más.

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