Mis sinceras disculpas a las mujeres colombianas

Esto me hizo la tarde hoy, ja, ja, ja.

Odio Los Lunes

orco

(“Tos qué mamita, venga le gasto una pony“)

Hay muchas cosas positivas que resultan de viajar fuera del país. El cambio de ambiente, de cultura, incluso el refrescante sonsonete de otro acento u idioma es suficiente como para adquirir una nueva perspectiva sobre aquel lugar en el que residimos. Pero a veces el estar lejos de la patria te lleva a epifanías sobre tu hogar que NO QUERÍAS TENER; y, como el prisionero de la alegoría de la caverna platónica, regresas a tu nación con un terrible conocimiento que te enceguecerá por el resto de tus días, alterando tu existencia para siempre. Me sucedió hace poco con un descubrimiento que parecería obvio pero que, como un rompecabezas, solo tuvo sentido para mi cuando lo miré desde una distancia:

Los hombres colombianos somos re feos.

Me incluyo porque aunque tengo una autoestima que algunos describirían como “alta” y otros…

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